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Negativos
Otra noche más, montó retirada de aquel desapasionado portal.
En la misma acera, un termómetro luminoso le llevaba la cuenta, cada vez más creciente, con un gélido emoticono.
Ventolera siberiana
Soplaremos en vez de escarbar...
Ramón de Mesonero Romanos
Días después, lo encontraron reclinado sobre la camilla, arropado con las faldillas, al calor del brasero con badila azorado.
Las tremendísimas predicciones le hubieron despistado de ese cisco traicionero.
Marcapáginas
"Hai Excomunión..."
La peor de las miradas que podían expresar aquellos miopes ojos, ocurría tras la revisión de esos libros prestados.
Un trozo de papel higiénico, en la sala de reconocimiento, hacía de sucio señalador.
Xhtml
Ninguneada en ofertas laborales de perfil engominado, pasó de clienta esporádica a gestora de contenidos destinados a esa creciente legión de barras invertidas.
Caduco
Con el cambio de estación, notó gélidas las caricias de la almohada en su cabeza. Y la lluvia se convirtió en incisiva y las miradas se tornaron secretas.
9,8 metros por segundo al cuadrado, metaforizaba, en paseos por parques solados de hojas caídas, hojas secas, hojas muertas.
El hombre del saco
En la capilla de la inclusa comenzaron a apilarse decenas de antiguas fotografías, a modo de exvotos. Retratos de familias como Dios manda: señores de fino bigote, perlados cuellos de señora y herederos amarinados.
Esperó sentado al anticuario. Esa colección de píxides y relicarios quizá le reportara lo suficiente para visar, de urgencia, a un país lejano.
Arrenuncio
En aquellas escuelas, ofrecer por cada pupitre dos Sugus y una brea para celebrar una onomástica bien valía una tregua.
Una paz comprada, un recreo tranquilo, que no se repetiría hasta su próximo cumpleaños.
Week End
Por tierras de Albarracín primero debéis pasar,
después seguid a Molina que está puesta más allá.
Cantar de Mío Cid
Allí donde la carretera no pasa, sino llega, el romanticismo de una oportuna oferta de fin de semana proveía abundantes concepciones, siempre deseadas.
Entre semana, una vieja solitaria se afana, mientras escucha burlescos graznidos, a limpiar con la escoba los restos de tantas efímeras estancias.
Agostizo
A sabiendas de ser un raquítico ser, se encaraba trémulo al poderoso sol y maldecía su pésima genética.
El desdichado animalito desconocía que, estando todavía en vacaciones escolares, las picias eran la manera preferida de matar el tiempo.
Prazoleta
Aquel impetuoso Copa Turbo estaba tan maqueado que todo el mundo no reparó en lo que faltaba.
Una sencillita letra ele hubiera explicado mejor la maniobra.
El Coche de la sangre
Rojo brillante, casi líquido, sus monstruosas sirenas y bocinazos anunciaban la tragedia desde lontananza, cuando sus faros potentes se acercaban a ritmo de locomotora. Enorme, avanzaba ocupando los dos carriles. Más valía no interponerse en su camino, por lo que pudiera pasar. Si tenía conductor o no apenas importaba, pues se hablaba de él como si tuviera vida propia, malvada, ajena a la voluntad de cualquier ocupante.
Sus motivos, desconocidos, no importaban tanto como sus dramáticas consecuencias, nunca relatadas, magnificadas por la imaginación infantil.
También se llamaba James
Veía asombrado el sutil balanceo de cuantas cabezas llegaban a su campo de visión.
Alarmado, fue a refrescarse al mingitorio, el de la coctelería en la que trabajaba desde hace veinte años.
El espejo le confirmó que sus futuros cócteles estarían, irremediablemente, agitados, que no mezclados.
Déjà Vu
Buscó revivir cómo el sol bañaba aquella brillante melena, visitando centenares de ágoras.
Jamás sabría que Trinity había formateado su disco duro.
BiC
Apareció una espesa mancha, del color en que se visten las tragedias, en su pecho de cuadrícula encamisado.
Y ante la cuadrilla fingió, que era culpa de aquel bolígrafo sin capuchón.
Largo tiempo hacía ya que en su libreta no había sitio para tantos números rojos.
La vía de los ingleses
Le engendraron con destino a cuidar de los bienes familiares guardados en la cija.
Torpe como era, no se molestaron en enseñarle casi nada, sólo insistieron en que debía caminar por la derecha de la senda. A base de patear, conoció como nadie los enredados cordeles y cañadas, siempre escuchando la única emisora que por allí se sintonizaba.
A las tantas, acabado el baile, desde el pueblo vecino regresaría siguiendo la ruta más recta, confiado en ver llegar al tren de frente.
Fue al señor cura párroco a quien se le ocurrió, tras el responso, apodar a esa centenaria línea de ferrocarril como la siniestra.
Sistema
Decidió tragarse vivos los moscardones que interrumpían su siesta bajo el puente.
Confiado estaba, de que sus zumbidos acallarían los gruñidos de ése radical, llamado estómago.
Amo
El anciano que aseguraba la portería de la finca sólo era un objeto más.
Deep blue
En las brumosas tierras del norte moraba una sirena desoceanada (pues como todo el mundo sabe, a ellas no se las destierra). La cola, con el tiempo, se le había escindido en dos, transformándose en unas potentes piernas que, ahora, le propulsaban por tierra firme. Los pulmones se le empequeñecieron, pues ya no le hacía falta tanto aire para las largas inmersiones, y dejaron espacio libre para la grandeza de su corazón.
Su antiguo pelo de coral ahora se ofrecía sedoso al viento y, de cuando en cuando, también a las manos de los hombres. Se sentía por momentos extraviada, oyendo por doquier los cantos de sirena de sus sueños, acaso los de su querida familia subacuática. Afortunadamente, hacía tiempo que ya había olvidado su vida anterior.
Mas siempre volvía a casa cuando, mientras se arreglaba frente al espejo, buceaba en el azul marino de su profundo iris.
Intercambio cultural
Allí dentro olía a rayos. Una cucarachita roja correteaba sobre la colcha. Me ofreció té preparado con agua marronuzca. Le dije "No me gusta el té, gracias", pensando: "No me gusta el agua sucia, gilipollas".
La mesa era una tabla de planchar que habitualmente ejercía de armarito de entrada. De vez en cuando a mi lado pasaba una gran mosca procedente de lo que él, optimista patológico, llamaba cocina.
Efectivamente, una experiencia, pero de las malas.
La ignorancia
No sabía leer las manillas del reloj.
No quería admitir que el tiempo se le escurría.
El pianista del Palace
Erguido, con los brazos deslizándose sobre el teclado y esos dedos ágiles que parecían querer llegar allá donde su cabeza se encontraba desde el mismo instante en que atravesó la puerta. Unos pocos, los más educados, le agraciaban con un leve asentimiento de cabeza a la par que levantaban ligeramente su copa esbozando la bobalicona sonrisa de la saciedad. La mayor parte lo tenía como música de fondo de sus conversaciones banales. La melodía era periódicamente aderezada las sonoras carcajadas de una u otra mesa.
Su presencia no se debía precisamente al gran amor por las artes del respetable, sino por una simple cuestión de estatus.
El estómago se alegraba de la estupidez ajena, pero él se sabía incapacitado para la gratitud.
Fuera de hora
Bajo una acacia esperaba pacientemente, oculta tras unas gafas de sol, girando su muñeca al sentido de las agujas del reloj.
-¿Me esperabas?, dijo él.
-No... pero llegas justo a tiempo, respondió ella.
Hizo una bolita con el tique sancionador y se la puso en la mano.
Nunca llegaría a ver que, al reverso, ella había escrito su número de teléfono.
Humanidad
Invité a uno de los chiquillos a que recogiera un pequeño pez varado en la arena mojada, que lo trasladara a su hogar, el mar. Con inocencia y sadismo, avanzó apenas unos pasos hasta el mar y estampó al animal, sin alegría pero con ganas, contra un erizo de mar, otro subproducto recién traído de entre las redes de los pescadores locales. El pececillo rebotó después de ensartado. Se quedó a unos centímetros. Boqueando, como yo. Inmediatamente, avergonzado por un mal que no creía pertenecerme, me apresuré a devolverlo al mar. Se alejó lentamente, medio asfixiado y malherido, seguramente, también decepcionado por el trato recibido en sus escasos segundos de estancia en tierra firme.
El niño también se debió de alejar despacio. Afortunadamente. No hubiera sabido con qué cara mirarle.
Mórbido
Estar cerca de un agudo cuchillo le provocaba un deseo primario de punzar en cuerpo ajeno. Era la misma fuerza irracional que aparece en los bordes de las azoteas y que invita a lanzarse al vacío.
La carne de cerdo y sus productos derivados habían ido reprimiendo esa obsesión.
Apoltronado en su cocina, aguardaba a tener valor para horadar su inmenso apetito.
Gato negro
Dale al timbre y sal corriendo...
Con nocturnidad y alevosía buscaban perturbar el descanso de los hombres de bien, hasta conseguir las blasfemias y maldiciones más retorcidas.
En esas vacaciones, uno de los tradicionales se les resistiría.
Ya había dejado de funcionar el llamador, cuando la putrefacción asomó su fato por las rendijas de la puerta.
Vili
If you’re looking for a dying cat outdoors, check under trees and bushes in the area or by areas with running water such as creeks or ponds.
http://cats.lovetoknow.com/
Cuando divisó, no ya de tan lejos, la inminente llegada de la negra parca, salió de casa, para no molestar. Cuesta abajo, en lenta búsqueda de esa humedad tan rechazada en vida.
No tan lejos como para que no le pudieran encontrar.
Km 33
Cuentan las estadísticas que más de 17 minutos en un arcén son mortales para un peatón.
Tres años llevaba de luto, no queriendo saber nada de estadísticas.
Cuando sus flores se secaron, aquel punto fue todavía más negro.
Lejanía
-Gerson Parker se acercó al borde del andén y arrojó un esputo de esos que hacen historia. Perplejo quedaría cuando el Cercanías de las 14:51 descarrilara al contacto de tan poderosa substancia. Supo entonces que la genética, Dios o esos cigarrillos negros le habían otorgado un tremebundo superpoder…
Centró de nuevo su atención en el cartel de “Próxima llegada”. Un número siete seguía advirtiendo que ese día llegaría tarde a comer.
Incomodidad
No podia creer lo que había pasado.
Su aliento de resaca se deslizó sigilosamente por el borde izquierdo de las sábanas aún calientes. Recogió sus ropas de puntillas y salió a hurtadillas - ¡no se vaya a despertar! - de lo que esa mañana no era sino la ruina del Teatro de los Sueños de ayer noche.
Aliviada, se siguió haciendo la dormida.
Herr Schwarz
El Führer escuchaba maravillado la vital sonoridad de la melodía fulminante, maravillosa y solemne de El Maestro Wagner en el Schauspielhaus. Pasajes de esta nobleza eran una de las pocas cosas que, en los últimos tiempos, le continuaban transmitiendo valor, animándole a no ceder a las presiones de capitulación.
La fuerza, los matices vocales, la inconfundible sensibilidad aria en la interpretación de este nuevo Tristán eran, sin lugar a dudas, más que remarcables.
Cuando, desde el Palco Imperial, se calzó los anteojos, su vista cansada se horrorizó al ver, más allá del proscenio, el cromatismo dérmico del joven tenor.
El hato
De negra pana. Chaqueta y pantalón labrados en decenas de surcos, tantos, como los escardados durante aquel tórrido estío.
Como un pincel apareció el día del Cristo. Y alargó toda la noche el jolgorio, animado por el ojo de gallo, hasta la salida del primer toro del alba.
Y debió sentir el morlaco envidia de tan brillante zaino.
Jamás hubo jornalero enterrado con tan elegante mortaja.
Incentivos
Recibió, como retribución en especie, el último modelo de teléfono móvil de la secta de la manzana mordida.
Fue la respuesta del consejo de administración ante la queja elevada por los acelerados ejecutivos.
Once por seis centímetros de cristal para cada uno, en compensación por el nuevo acabado en teka que sustituía a la fina cerámica de los servicios.
Reencuentro
Sus ojos se cruzaron entre los de los anónimos transeúntes. Recordaban más sus miradas que sus rostros. Se pararon, frente a frente, tal vez demasiado cerca. La calle se llenó de silencio.
-Me llegó tu carta hace años. Aún la conservo, pero nunca la abrí.
-¿Por qué?
-Tenía miedo de lo que me pudieras decir.
-¿Y por que la guardas? ¿Algún día la abrirás?
-No... Pero las cartas no se tiran.
Perrigalgo
Tenía aún los hielos del cubalibre enteros cuando le sobrevino la amarga impresión de ser el más longevo de aquella desahumada discoteca.
No le quedó más que hacer que acompañar con sus aullidos a la solitaria luna llena.
Ducha moral
Cuando quité el vapor de agua del espejo del baño no pude reconocer al extraño del otro lado.
Primavera
Carmines, besos de amapola en los bordes de las cunetas. El resplandor de la hierba cosquillea con sus brotes tiernos al viento malhumorado. La tierra, negra y mojada, se deja calentar por un sol aún inocente. Barullo, trinos y cantos en los pinares, en los setos, en las tascas, en los colegios.
Besos en graneros, bodegas, sacristías, contra las puertas de los corrales, en la calleja de atrás por donde casi nunca pasa nadie.
Primarios, furtivos, toscos, sentidos. Besos que se ponen colorados, en los bordes de las cunetas.
Dedek Mraz
Bajaba escuálido, con barba y vestido congelados, aquel 31 de diciembre de ventisca hacia el fondo del abismo de Vrata. Atrás quedaba una cara norte que bien parecía la escultura helada de un Dios que se tuviera por tal.
El pequeño Savo siempre le había preferido a Miklavž o a Božiček, pero sólo tuvo certeza de su existencia cuando lo encontró frente a frente en el camino al refugio.
Tras correr alegre a su encuentro apenas recibió por regalos un ademán de rechazo, un llanto apagado y una mirada ausente y azul. Snegurochka debía habérsele derretido entre las manos.
De vuelta a casa, en el asiento trasero del Audi de sus padres, el veloz abetal desfilaba ante las ventanillas al ritmo de la melodía de Tchaikovsky.
11S
Fire n t buildg. Canot scap. Lov u. Allah u akbar.
The Lord of the rings
Tenía las facciones tan angulosas, la piel de un negro tan brillante como la pizarra mojada. Estropajo por pelo, y dos brasas de antracita incandescente por pupilas, dos brasas que te quemaban cuando te miraban.
Su reloj dorado, monstruoso, llevaba una mano todopoderosa con la que podía mover todos los hilos, una mano ambiciosa con forma de cazo, que salía de un traje negro, de un coche negro con banderas, un cazo prolongación de una inmensurable y lujuriosa panza.
Disparaba sus palabras por ráfagas imprecisas, atropelladas y violentas, como las de las ametralladoras que había manejado años antes, aquel día en el que decidió tomar prestado el reloj resplandeciente de su predecesor.
Gulag
Aquel día comenzó nevando hacia arriba. Un niño salió del vientre materno con 11 días de retraso. Un tren, no demasiado lejos, descarriló no se sabe bien por qué.
Aquel día caían moscas de nieve, traviesas, voladoras, caían lento, como si en realidad no quisieran caer. Pero acababan llegando a la superficie de mi abrigo. Tras ese mágico contacto, su blancura, delicada, se hacía transparente; bidimensional.
Aquel día acepté que allí pasaría, al menos y en el mejor de los casos, los siguientes tres años de mi vida.
La canción del olvido
Tumbado en la cama, pedía que le cantaran al oído, como si fueran gramolas, de ésas que sólo se ven en las películas.
Con distintos timbres, con distintos acentos, sin afinar demasiado, pero siempre a 80€ la hora.
Negras juegan y ganan
Sólo veía ojos y dientes blancos, ojos y dientes azules, en el aturdimiento del tugurio congolés malllamado discoteca. Las luciérnagas se iban acercando, me iban rodeando...
A la mañana siguiente comprobé que aquellas luces, como sospechaba, me habían abducido.
Máximo
Hacía ya tiempo que la XXL se le había quedado pequeña.
Babel
Y Jahvé decidió sembrar la discordia entre los orgullosos pueblos de la Tierra.
Y traductores, intérpretes, políticos, periodistas, curas y militares loaron al cielo.
Tutsívoros
A orillas del Lago Victoria, aguas abajo del país de las mil colinas, nadie, durante años, volvería a comer tilapias.
Verano marrano
A Gloria Fuertes.
Farfulla el rodaballo en su casulla,
el gallo alienta a la grulla,
y el rododendro a la luna ahúlla
cuando el gato a la gata hace suya.
Perdido de picos pardos, de pelos largos y aliento amargo,
el chico de los petardos achucha unos leotardos,
pendiente de hincar el nardo.
La sonrisa y la risa se dan prisa, Felisa se alisa la camisa, así asisa la pirulisa.
Pilla cacho el muchacho, la silla resiste al macho, y la chiquilla se arrodilla.
Un grito en el garito, una redada inesperada y un pito en espantada.
Felisa y su cruzada:
cruzarse otro ratito
con el mozo de la media estocada.
Optimización
-No sólo de dinero, sino también de material, tiempo y esfuerzo…-. El jefe de planta les eleccionaba sobre la antepenúltima innovación corporativa.
Bermúdez comprendió que detrás de este nuevo concepto se escondía esa vieja idea, que había hecho tan suya, de fichar antes del café, de llamar a casa desde el despacho, de coger los azucarillos sobrantes de las reuniones, de jiñar en los retretes de la oficina.
¡Muzungu!
¡Amafalanga, amafalanga! ¡Agacupa!
En cuanto sus chanclas y sus pantalones cortos asomaron fuera del coche, aún con ese cuerpo serrano y ese careto que Dios le dió, se pudo sentir como el mismísimo Brad Pitt.
Oración es
Rezó para que la cigueña dejara ya de traer palitos y por fin cargara con un hermanito. Mamá tambien rezaba; para que Carlos siguiera pidiendo lo mismo durante toda su vida.
Papá ya dejó de perder el tiempo desde que Carlitos le ganó la batalla al Señor Ogino.
Negro sobre blanco
Apenas rozaba su piel, pulida y limpia como una obsidiana, con el vuelo rasante de sus pálidos dedos. En esa misma piel, ahora bamboleante, se tatuó con tinta china las apenas legibles iniciales de su nombre.
Por las altivas latitudes dicen que el baile es la expresión vertical de un deseo horizontal.
En meridianos más bajos, deseo vertical, y horizontal, son baile.
Cuarto menguante
Mis "viajes" de sábado noche también habían sido nocturnos y estrellados. Lo que aún no sabía por entonces es que sólo llevaba billetes de ida.
Hutupía
"Se solicitan sólo dos cosas: dejar por unos meses las labores agrícolas, y el machete bien afilado para eliminar la plaga…", había sido la consigna de la reunión de anoche.
Hoy, entre el barro y los juncos, comenzará la labor de desbroce.
-Volveré para cenar- comentó animoso mientras cerraba, por última vez, la puerta de su hogar.
No culpable
El juez lo absolvió por falta de pruebas.
Para él, una condena a muerte natural.
Superiora
Andaba descalza, con sus pies de gorrina sobre la vieja moqueta, esos pies de gorrina maquillados, esos pies que se arrastran mientras mascan chicle sonoramente, esos que se indignan y gritan con ojos desorbitados, los mismos que se ríen atronadoramente y observan magnánimos a sus subordinados.
Esos mismos pies que, tampoco este año, firmarán mis vacaciones de Navidad.
Monosabio
Desde que dejó el caballo, todos los días iba a trabajar al zoo. Comía, dormía, sesteaba, se lavaba, incluso a veces fornicaba.
Trabajaba de macho en la jaula del Homo Sapiens Sapiens. No era el mejor ejemplar, pero sí lo que los propietarios se podían permitir.
Los gorilas de al lado admiraban fascinados los curiosos hábitos de esa nueva pareja de simios sin pelo.
Sueña
Que ese pitido de altísima frecuencia, enmudece. Que las cuerdas que aprietan su estómago, se aflojan. Que los ríos de agua insípida, se secan.
Mientras, en la mesilla, le vela un paquete de Tranquimazin.
El cangrejo
Se sintió predestinado desde que conoció el doble significado de su signo zodiacal.
Hoy, San Fermín también desea que se confirme el diagnóstico.
Postre casero
A cargo de la tarea dejó a su hija, la más joven del servicio, mientras ella sacaba brillo al mármol del amo en el cementerio.
Inexperta, aprovechó el señorito para enseñar a rellenar de crema a la cándida muchacha.
A la mañana siguiente, en la víspera, nadie desayunaría los tradicionales buñuelos.
Insípidas
Cada madrugada, antes de dormitar, se afanaba en tomar las secreciones que le proporcionaban sus ojos aún maquillados, durante unos escasos minutos.
Desde la edad de jugar con las muñecas supo que las lágrimas de tristeza tenían el mismo sabor que las lágrimas de felicidad.
Gálibo
Emocionado ante la alcoba de sus ancestros, allá en Oco, no se percató de la pequeñez de la casita arquitrabada.
La Verdad
Locke defendía que se podía llegar a la verdad a través de los sentidos. Descartes, en cambio, postulaba que era la razón quien conducía al conocimiento de la verdad.
Iván, desde bien pequeño, tenía claro que la Verdad mayúscula, aquella que de verdad importaba era la que establecía la hora del toque de queda nocturno, la que diferenciaba las buenas de las malas compañías, la que le había encauzado en la senda del éxito profesional como opositor a administrador.
La Verdad eyectada por la poblada barba mientras su barriga, suficiente, se cruzaba de brazos y le miraba a los ojos, sin parpadear, por encima del hombro.
Pregonero
Sabía todo de todo; y lo que no sabía, se lo inventaba; y lo que no podía siquiera llegar a inventarse, no le interesaba lo mas mínimo y, por consiguiente, era automáticamente catalogado, en un roto alarido de amargor, como "gilipollez".
Con los años, la mirada se le fue atrofiando y perdió ese oído que tan poco se había prodigado en escuchar, y toda su cara se le fue llenando de más y más boca, un bocal del que manaban magistrales lecciones que iba vertiendo con generosidad a cuanto desdichado se cruzara por su camino.
Irreversible
Soñaba, cada día, que despertaba.
Tejuelo
Sin dotes para la escritura, necesitó de veinte años para conseguir acabar su ópera prima, bajo un preciso pseudónimo. No buscó éxito ni reconocimiento, sólo ocupar un espacio concreto en las públicas estanterías.
La ordenación alfabética le concedería su anhelo, imposible en la realidad, de acompañar a su numen, más allá de la vida.
C.C.C.
-Wave! Big-goat... How you are?
-Of whore-mother, and you?
-Also.... Sorry, uncle, but I have hurry... To God!
-To God!
Continué caminando junto a él en silencio.
-No sabía que hablaras inglés.
-Pues sí, aprendimos juntos en la academia.
Vibrio cholerae
Nadie pudo contar lo que realmente ocurrió en el campo de refugiados, pero ambos bandos coinciden en cuál fue la causa.
Para unos, una letal epidemia bacteriana; para otros, el aún más terrible virus del odio.
Chat
Al dictador.
De nada sirvió su salvavidas ortográfico. Como navegante neófita que era, acabó ahogada en lo más profundo de un océano repleto de “olas”.
dictador
un dia imagino un mundo sin aches ni tildes en el qe la v de vurro nunca mas esistiria, en el qe la valentia lo inundaria todo, donde la g seria siempre la devil y la j de su nombre, siempre la fuerte. un mundo en el qe zienzia y qosmos no se podrian volver a confundir, donde no cavria duda de la fortaleza de las rrosas ni de la suavidad de las carizias, un mundo minusculo donde todas las letras serian igual de grandes.
un mundo en el qe podria aver qarenzias, ausenzias o incluso errores, pero nunca mas faltas avsurdas.
Praga
No conseguía localizar la morada en que habitó Kafka, pese a ser una persona tocada por la luz de la cultura, muy superior a esa masa bobalicona que turisteaba en bajo coste.
Contrariado, tuvo que ser un subsahariano, vestido de marinero, quien le indicara que el plano estaba del revés.
Imposible
Paseando descalzo, se topó con un niño que, presuroso, iba y venía hacia y desde el mar para llenar y vaciar su cubo en un agujero excavado en la arena de la playa.
Las olas al romper componían la sinfonía de carcajadas incrédulas de un océano burlón.
No pudo evitar entristecerse, no por la inocente y paciente laboriosidad del chico, sino por las tantas y tontas veces que él también lo había intentado.
Budapest

Llevó su gesto apagado al borde del puente Széchenyi, aquél que ya había presenciado el ocaso de innumerables desdichas.
Miró de reojo al castillo, y no se atrevió a hacerlo. Temía que el cuervo de hierro cazara al vuelo el anillo, hasta ese día, de compromiso.
Veinticuatro latas
Eruditos, turistas y curiosos admiran con gestos de asentimiento y admiración uno de los máximos exponentes del género impresionista, antes de apresurarse a la tienda a comprar pósters, calendarios, frigo-imanes, puzles y camisetas de la obra maestra.
Nadie ha remarcado a lo largo de todo el día que el reflejo del barco en el agua era el propio barco, que el cuadro había sido invertido minutos antes de la reapertura matinal.
Hans, vigilante nocturno, y el Sr. Vanderstraat ajustarán su apuesta pendiente esta misma noche.
Olma
Tiene un corazón tan grande… En su hueco, maternal, soplan los vientos de la infancia de los viejos. Débiles las ramas crecen, mas empeñadas en alcanzar un cielo arado o lavado, siempre ancho, de lechuzas y halcones, atardeceres prendidos, lunas de Viernes Santo.
Sólida en el tronco de penas retorcido, de amores, prohibidos o probables, tatuado. Terminal, derrumbada, misterio, de su atalaya rocosa contempla cansado devenir de mortales, vertiginoso vuelo de vencejos, lejanas montañas violetas donde vierte el cereal oceánico.
Pater
–No sabéis lo que es ser padre soltero ...– comentaba sentido a sus colegas en el jardín, entre trago y trago de cerveza.
Diez metros atrás, el pequeño saboreaba su manjar de arena húmeda y manzanas podridas.
O Paco
Ninguém sabia o que realmente pensava Francisco.
Braille
-Estás muy guapa…
-¿Y cómo lo sabes, si eres ciego?
-¿Y tú cómo sabes lo que he dicho, si eres sorda?
-Leo los labios.
-Yo también.
Mechas
Fue entrar por la puerta y encenderse. Denostar su iniciativa de camuflar sus primeros cabellos blancos.
Fue la última vez. Regresaría al salón de belleza, dispuesta a ser una madurita rubia de bote, soltera, harta ya de tanta combustión.
Explorador polar
Nunca habría podido olvidar aquel atardecer.
El Tío Vivo
Traslación, rotación, precesión, nutación y bamboleo de Chandler no le eran suficientes. Se hizo trapecista porque no quería vivir atado al suelo como una tomatera. Cierto día debió madurar de golpe, cayendo como la famosa manzana de Newton. Entonces, sus fracturas y él decidieron cambiar todo para que nada cambiase y trocó circo por feria, y siguió saboreando asfalto, cada vez más aderezado con brebaje escocés.
Solía salir tambaleándose del bar del pueblo antes de volver a vender las entradas del carrusel.
Por la mañana, siempre nueva inquietud creciente y esos fríos temblores.
Los eminentes doctores Korsakoff y Wernicke, su amigo Johnny Walker, una señora azul con trompa, y quién sabe si el mismísimo Johannes Kepler, le esperaron aquel día en el tercer escalón de la caravana.
110 grados
Desde niño le habian acostumbrado porque, decían, activaba la circulación sanguínea. Ese sano hábito, casi un ritual, derivó en espectáculo. El combativo ruso no quiso volver a casa de nuevo derrotado por Jukka, mas túvose que conformar de nuevo con el subcampeonato, ante el estupor de los asistentes.
Su trofeo, una caja también de pino nórdico, ésta a temperatura ambiente.
35 grados
Exclusivamente en verano, cuando las montañas descansan de tanto torpe crampón, se le veía subiendo escaleras de la red de metro, cargado de una gran mochila.
Incansable al entreno, alzaba continuamente la vista. Siempre buscando la cima de esa subterránea cordillera.
Una cumbre repleta -como sabrán- de faldas muy cortas.
Menú del día
Cuando recibió el caldo por enésima vez, el nudo volvió a apretarse.
Allí, no se aceptaban propinas.
Pescado
Los domingos iba al lago.
Ese día casi nunca pisaba la oficina.
Liebre
20 metros.
Los dos focos de luz se hacían más y más grandes.
10 metros.
Se quedó obnubilada mirando.
5 metros.
El chirrido de un frenazo sería el escueto preludio sonoro...
0 metros.
...de un fugaz e intenso réquiem polifónico de percusión.
Las chicharras le hicieron los coros hasta que llegó el 2X4 de la ambulancia, ya demasiado tarde para que ella lo pudiera oír.
Frito
Comprobó, no sin pesar, que el vórtice se escindía en dos subuniversos de dimensiones similares, pero difíciles de calibrar. El fluído nuclear invadía lenta pero inexorablemente la blanca superficie hasta estancarse en los bordes crepitantes de la plana corteza. El desbordamiento era cuestión de décimas de segundo.
La mancha amarilla se extendió por el basamento con ligereza, casi aliviada por entregarse a la entropía, reprimiendo las fuerzas que la habían mantenido durante tan largo periodo encapsulada.
No cabía duda. Había llegado el ineluctable momento de pringar.
Indecisión
En lugar de fijarse en el destino que tomaría, no podía evitar evocar los lugares y vivencias que se escapaban.
Estuvo dando vueltas a la rotonda durante horas.
Hasta que se le acabó la gasolina.
Sudario
A María Magdalena
La desarropó, y aún estaba caliente.
Quiso entonces aliviar su exudación con la brisa del Getsemaní.
La galga negra
Su esbelto vestido era mancillado por unas ubres caídas, repletas de mala leche, que la hacían tan perra.
Prefirió morderse la lengua a morir asfixiada con esa vulgar soga.
El inocente niño habría de recordarla siempre, pues dentellada firma dejó en su boca.
Matarife
Apareció un día por la industria, venido de no se sabe dónde, con ganas de aprender a despiezar con la maestría de la tradición porcina ibérica.
De nuevo en su patria, un narcotizado vagabundo agradecería la precisión de su hoja. Una cicatriz de cirujano apenas se notaba a la altura de su riñón derecho.
Vaina, ponme la vaina
-¡Malawi va bien!-. Por más que la blanca sonrisa del Ministro de Sanidad insistiera, el síndrome no paraba de propagarse por fiestas y verbenas a ritmo de reguetón.
Las misiones de la región decidieron tomar cartas en el asunto. Propusieron a Daddy Yankee para su excomunión.
El cantautor dominicano replicó con su nuevo single.
Maslow
Eran las cinco de la mañana y no tenía dinero ni para negociar con un taxista.
Su estómago gruñía, y llevaba varias horas rechazando esos recovecos malolientes que algunos llaman servicios. Hasta los párpados parecían no poder soportar su propio peso.
Llegó sin fuerzas a casa, y fue directamente a por su móvil. El amanecer le sorprendería buscando las palabras para un mensaje, aún, a medio escribir.
Groupie
Pidió un autógrafo; y le dió un beso.
Pidió una púa; y le tocó el pelo.
Dijo "buenos días"; y le respondió "hasta luego".
Drug King
Pensó que el matrimonio sería el antídoto para su enfermedad. Luego, que un vástago le liberaría de la tiranía de la noche. Cuando su hijo entró en la edad del pavo, por fin se resignó a ser nada más y nada menos que su padre.
Mal ejemplo tal vez, pero un mal ejemplo con la verdad por delante, bien apretada.
"Verba volant"
Los micrófonos de la rueda de prensa se abrieron antes de lo debido. Se oyeron alto y claro las palabras del Vicepresidente Barbacana:
-Odio a la gente que pide "dosss servesasss fríííííías" con ademán gayer...
-Verba volant, scripta manent- añadió cuando las miradas incrédulas de los periodistas le hicieron consciente de su desliz.
Catecúmena
Esperaba a las aspirantes en la pila granítica, esquinada tras la cancela de entrada al templo.
Les ofrecía compartir el agua consagrada, que recogía con sus célibes yemas.
Ansiosas por aprender, todas aceptaban la pureza de tan benditos dedos.
Microensayo sobre la ceguera
Bajaba por la cuesta a toda velocidad. De frente, mirándome a la cara, desafiante, aparecio un niñato con su bicicrós. No se apartaba de enmedio. Pues se va a tener que quitar por mis pelotas, que a vacilón no me gana ni Cris...
Tras el choque, dolorido, cuando ya me levantaba para insultarle, comprendí que el chavalín con gafas de culo de vaso apenas veía a dos palmos. Poco más tardé en darme cuenta de quién estaba más ciego de los dos.
1º Interior Derecha
Trató de moverse rápido, pero era una de esas mañanas. Ésas en las que te golpeas con el taburete de la cocina, desparramas el azúcar por la encimera y te quemas la lengua con el café.
Antes de precipitarse a la calle, buscó el buzón que correspondía con el piso del que bajaba y apuntó el nombre que aparecía en el membrete.
Mañana, entre viaje y viaje, quizá le enviara una nueva taza de desayuno.
Antes de precipitarse a la calle, buscó el buzón que correspondía con el piso del que bajaba y apuntó el nombre del membrete.
Mañana, entre viaje y viaje, quizá le enviara una nueva taza de desayuno.
El Evangelio según Saramago
Hace ya mucho tiempo, Dios, azorado, me confesó que no existe. Yo también me avergüenzo un poco por haber recordado tan insistentemente a mis lectores lo que seguramente ya todos saben.
Ayer abandoné mi paraíso en Lanzarote. Hoy he leído en los periodicos que morí.
Ruego me disculpen, pero tal y como está el mundo, esta vez no me apetece resucitar.
Tang
Quiso evocar aquellos veranos tiñendo el contenido de la jarra de un color tropical.
El brebaje no sabía como él recordaba, y tampoco alcanzaba el gusto de la feliz nostalgia. Se bebió todo el litro de una sentada.
Ese día cumplía nueve meses sobrio. Nueve meses sin sonreír.
Barrujo
Para que los palos gordos prendieran, se necesitaba una buena base de acículas secas y alguna piña. El fuego que se genera es intenso y alegre, pero apenas dura unos segundos. Contaban los mayores que el crepitar de las llamas, si se mira fijamente, provoca incontinencia nocturna.
Tal vez fuera esa la razón última de mi acechanza.
Prima carnal
Le atraía enormente.
Tenía tanto en comun con ella...
sobre todo sus abuelos,
y el gusto por lo prohibido.
...pero no perdono.
Ya había olvidado exactamente por qué le había cogido tanta tirria a Tomás.
Para él, el rencor no era sino tenaz putrefacción.
Pyrós
A Mac.
-Se va acercando el verano y sigo en la puta biblioteca, pasando página a revistas del siglo pasado... ¡Qué asco! Todo el día solo y aburrido...
Su primer impulso se fue conformando al ver los primeros incendios forestales de la temporada.
Do sostenido
Otras veces ya se había dejado a cambio de unos chuches. Se sentía mal, culpable, no por considerarse víctima de algún oscuro deseo, sino por aprovecharse de la inexplicable estupidez de su profesor de solfeo.
Pero aquella vez, su pérfida mirada, huidiza, al acariciarle, no le hizo presagiar nada bueno.
Marinero en tierra
A Charly.
La multinacional de las almas comienza su temporada alta con el mes de las flores y los tallos. Tras la ceremonia, mini-almirantes de secano y aprendices de novia embotadas se regocijan al recibir, tras los ineludibles pellizcos en los carrillos, al Espíritu Santo en forma de consola de videojuegos. Luego vendrá el restaurante, su desmesura gastronómica, su previsible barullo.
Los profesionales del recuerdo reflejarán un evento en el que sólo las caras cambian. Como es menester, Jennifer y Jonathan recibirán puntualmente su album de los horrores.
Hermano de sangre
La satisfacción, con los años, fue degenerando en aburrimiento. El ambiente provinciano del paraíso hacía que cada gesto fuera cobrando una dimensión desmesurada a sus ojos enajenados. La preferencia de Él por el otro escondía sin duda algo siniestro, amenazante.
La última gota de ácido rencor le cegó en el mismo momento en el que sostenía una quijada de burro.
Absente
Conocía todos sus detalles, centímetro a centímetro, hasta había imaginado la trayectoria de la llana que extendió el Aguaplast.
Con temor, miró de nuevo al reloj. Suspiró. Comprendió lo infinito que era ese techo en blanco.
El sueño americano
Cuando las sirenas le despertaron, se dió cuenta de que nunca había logrado aquel home run, que jamás había hecho una hoguera en la playa, que no había comido un pavo relleno, ni el Día de Acción de Gracias ni ningún otro... Que nunca bailó en la graduación con la chica más popular del Instituto, ni la llevó en el flamante Cadillac a ver las estrellas al aparcamiento de la colina, ni subió con ella a la casita del árbol... Que su padre no trabajaba en un bufete, ni iba al psicólogo, ni tenía un revólver en el cajón de la mesita de noche...
Desayunó la comida enlatada que por el día lanzaban unos aviones similares a los que cada noche bombardeaban la ciudad.
"Cuadrilátero"
A Fernando Briones Carmona
Le pregunté a Google si podría verlo en color. No me respondió.
Derrotado, volví la mirada a aquellas hojas grises. Supuse que no todo estaba en la red, que esa época en blanco y negro había obviado, para siempre, sus hermosas luces.
2-1
Las arterias de la capital canalizaron a toda esa muchedumbre borreguil, que no distinguía entre rojo y blanco.
Mientras, las urracas del Paseo del Prado permanecían con su elegante traje, afanadas en recolectar las oportunidades de tanto trajín.
Solterona
Se quedó pa vestir santos, ayudar al párroco en cuanto estuviera en su mano y ser el blanco de las risas de los del bar y de las habladurías de las señoras de los dos primeros bancos.
Sus ropas, modestas a la vista, emanaban un intenso olor a incienso y naftalina. Ella sin rechistar, que en boca cerrada no entran ni moscas ni na. Sólo en la sacristía, bajo el alba, la estola y la casulla, trataría de aplacar con denuedo los ardores que el celibato provoca.
Morbus sacer
Aquel innovador baile compulsivo en el suelo fue inmediatamente imitado por la multitud enfervorecida de la rave.
El último beso
Dicen que dejó de afeitarse porque no tenía a nadie a quien picar en la cara...
Ocultas, bajo su barba cerrada, se mantienen aún las marcas de un vehemente carmín.
Primavera
Su papelera estaba llena de moqueros usados, que fermentaban con la subida prematura de las temperaturas.
Nunca había estado afectado por alergias y el polen sólo le hacía efecto emparedado en Smoking Deluxe.
Tras pasar revista de la habitación, su madre comenzó a condimentar las tarteras con bromuro.
Impotencia
Hace días que había dejado la medicación. La falta de deseo era intolerable cuando llegaba la influencia equinoccial.
Se fueron juntos al servicio de la discoteca, embriagados con el techno vertiginoso.
Regresó solo al centro de la pista. Cuando la música dejó de sonar, las voces siguieron gritándole.
El gato negro
Todas las mañanas, al pasar cerca de la ventana, entreabría sus ranuras para mirarme, no sé si con desgana o recelo. A mi me parecía siempre una mirada burlesca. Luego se solía estirar, enseñando sus garras afiladas y ocupando todo su brillante pelaje en un comodísimo canasto acolchado antes de darme la espalda y volver a dormitar.
Al otro lado de la ventana, frente a un viento helador, yo seguía avanzando, sin mucho convencimiento, hacia mi despacho.
Troquelado
Desde que le colocaron la caperuza y el cascabel, el Gerifalte se conformaba con los escasos minutos de adrenalina que necesitaba para capturar una presa.
Nunca le faltaba comida. Nunca supo qué le faltaba.
Neverland
En apenas 15 años pasó de niño prodigio a adulto con complejo de Peter Pan.
Curiosamente, él no había cambiado. Su eterna Wendy no paraba de repetírselo.
Lunes de aguas
Escondidas en un tráiler viajaron hasta Salamanca. Su Padre Putas no se molestó en mostrarlas el Tormes. Tampoco probarían el hornazo.
Sus lágrimas fueron las únicas precipitaciones de ese día tan soleado.
La Torre Sin Nombre
Esta vez no me hizo falta utilizar la reunión intermedia, la de la laja de piedra. Al poco tiempo, mirando hacia abajo, comprobé que otros escaladores estaban teniendo más problemas en superar ese paso.
Seguramente era sólo la primera vez que soñaban con ella.
Becario
Cinco horas mirando la inanimada pantalla de un ordenador muerto. Inmovilizado por premenopáusicas funcionarias, incapaz de desatar aquellos balduques anudados.
Un lápiz del cuatro y un folio fueron los impasibles testigos.
Fallas
La mecha, prendida por unas manos todavía intactas, resultó ser demasiado corta.
V.A.O.
Le pusieron una multa por conducir solo por la calzada central.
Desconcertado, no pudo dejar de escuchar los gemidos del maletero.
Declinación
Se vino abajo tras escribir el acusativo singular.
Viático
Una espiración y el pueblo pasó de pedanía a cementerio.
El sacerdote acudió a declamar un último responso a la parroquia ya deshabitada. Su feligrés seguro que esta vez no acudiría a comulgar, pues la noche pasada ya recibió el postrer sacramento: su frente fría permanecía horizontal y unjida con el óleo bendecido.
Sus palabras se las llevaba el viento, esta vez más que ninguna, pero una euforia triste, algo parecido a un orgullo impío hizo que comenzara a brotar verdad destilada, Pura Verdad, por sus labios. Verdad vomitada al ancho cielo, a los trigales, a los muros de adobe, a los ladridos del perro. Verdad que no se amoldaba a fieles, ni a las buenas formas, ni a la necesidad de ser comprendido, valorado o escuchado, tampoco al deseo de provocar reacción alguna.
Por primera y única vez nunca olvidaría su propio sermón.
Oblación

Un taciturno restaurador se había encargado de enlucir tan venerada talla.
Quiso magnificar el realismo sanguinolento de la imaginería española incidiendo sus delgados brazos.
Los fieles, en gris espera, besarían al día siguiente los pies con su propia sangre pintados. Mientras, él sanaría las nuevas cicatrices, más largas, aunque menos profundas que las de los escondidos pinchazos.
El catador
A la hora del almuerzo daba su paseíllo por los huertos de los domingueros. Llevaba la camisa siempre limpia, una gorra madrileña y un palillo en la boca. En los bolsillos, navajilla de Toledo, salero apañado y alcuza medio rota.
Su tiempo se tomaba para escoger el mejor fruto de la tomatera. Y bien le abría el apetito, que gustosa recibía su parienta.
Quiso Dios que ese día regresara con churretes colorados. De esos que no se quitan. Como las cicatrices de los perdigonazos.
Carnaval
No le extrañó que su único vástago apareciese vestido de fémina el domingo gordo.
Contempló el lunes y el martes la naturalidad con que prosiguió siendo ella.
El miércoles le contaron que carnelevare, en italiano, era quitar la carne.
Enésimo Sánchez
Así es como en realidad hubiera deseado llamar al hermano pequeño de su duodécimo hijo. Su semilla había vuelto a germinar en el fértil vientre de su señora esposa.
En aquellos tiempos, la planificación familiar se le tenía encomendada a Dios, que seguro debía tener cosas más importantes que hacer.
Por desgracia o por fortuna, en el santoral sólo encontró el que sería el nombre completo del "One", ese que usarían las autoridades, el que vendría escrito en su cédula de identidad.
Helada
En el adarve de aquella desdentada muralla esperó la hora del alba. Hacia el sudeste se recostó sobre una almena, la única que quedaba.
Un triste sol de invierno no consiguió dar color a su cara.
Vértigo
Cuando sonó la alarma, ya notó algo extraño, como si una antigua resaca de juventud se hubiera dejado trabajo por hacer. Al ponerse en pie, tuvo que apoyarse en la pared ligeramente, víctima de un aturdimiento que achacó al prematuro despertar al que obligan los lunes.
-Desayunando un café con leche y mucho azúcar es posible que esta temporal hipoglucemia emigre a otros parajes - pensó mientras avanzaba descalzo por el parquet.
Para su sorpresa, el desequilibrio, la confusión y el titubeo no remitieron en toda la jornada laboral, haciéndose aún más intensos en las horas de descanso: en el cigarrito de media mañana, durante la comida, volviendo a casa...
Ya en su sofá, estando solo, fijando la mirada en su reflejo del televisor desconectado, pensó que su vértigo tenía tal vez algo de físico, pero mucho de existencial.
"Lamentamos comunicar..."
La notoriedad que tanto había ansiado le llegó cuando el Ministerio, siguiendo el procedimiento habitual en estos casos, distribuyó por los buzones internos centenares de panfletos con su cara de circunstancias. A pié de página, luto sobre blanco, unas breves frases de condolencia con la firma digital del Ministro en persona y copiadas de la esquela anterior por alguno de sus estresados lacayos.
Las cuartillas tardaban dos segundos exactos en volar de las manos del ojeador encorbatado a la papelera amarilla de reciclaje, no fuera a ser que el mal fario se contagiara.
Purga
Se conocían desde siempre. Juntas rezaban con nocturnidad al niño Jesús antes de afrontar su diaria pesadilla
Hace tiempo que olvidó las oraciones. En posición fetal se abrazan bajo la seguridad de un peludo techo, cálido y tupido. Cada noche seca sus lágrimas reprimidas, respira el aroma del amor maternal nunca experimentado.
Acompañada de esa amarillenta almohada, siendo bebé, la encontraron.
Pellejos
Cumplida la quincena, inició la manía compulsiva de erosionar la cutícula de sus delicados dedos.
El vicio de recolectar padrastros le proporcionaba el mejor sabor. Ése tan amargo de estar delgada.
¡Ay (de) ti!
Ayer, un temblor de la tierra ha producido miles de temblores de carne y hueso, sobre todo de hueso; temblores anónimos que han sublimado la pureza del caos en el país del caos, en el rincón más miserable de todo el continente, en esa tierra con nombre de lamento.
Las pobres moscas no dan abasto con tanto cadáver por la calle, o por lo que queda de ella. Edificios derrumbados, llantos desgarrados por los miles de muertos, también por un presente malherido, por un futuro en coma.
Los compases del kompa ya no se oyen en la ciudad. Para muchos, el vacío musical en una isla caribeña es lo que mejor representa la enormidad de la catástrofe.
Algunos creen que este espíritu maligno ha debido ser invocado por un poderosísimo bokor. Tratan de huir como pueden de esa tierra maldita.
Contemplo todo esto mientras saboreo, recostado frente al televisor, este delicioso tiramisú.
Fitocidio
Ahí están, mostrando sus vergüenzas a los transeúntes, que se andan por sus ramas. Con las raíces al aire y los leños partidos, horizontales, mustios, enmarronecidos, desaviados, desaciculados, ya sin ropajes, bolas ni demás adornos ridículos.
Víctimas de los credos del siglo XXI: buenismo navideño, ultraconsumismo y mal gusto, ahora sólo cadáveres vegetales que repoblarán los vertederos en este día de víspera del comienzo de las rebajas.
El metal afilado volverá a cortar los troncos de sus hermanos menores en menos de once meses para comenzar de nuevo el macabro ritual.
Vade retro
Aquella gélida tarde de invierno no había mucho que hacer. Si acaso navegar por la red mientras escuchaba los violines eléctricos de su grupo favorito. Pulsó el botón que le invitaba a conocer con exactitud la fecha de su muerte.
Como a todas las góticas adolescentes, la cuestión le suscitaba morbo, y la respuesta le daría tema de conversación con los colegas. Cuando apareció en la pantalla, pensó que esa broma de mal gusto tal vez se la tenía bien merecida. Aunque no creía verdaderamente en esas cosas - qué ridiculez - decidió mandar a paseo su intranquilidad.
Salió de casa dándole vueltas. Un conductor perdió el control por una placa de hielo.
Siguió dándole vueltas hasta llegar a un bordillo congelado.
5-hidroxitriptamina
Había logrado destilar y condensar la esencia de un rayo de luz en estado puro, la fuente de la felicidad y el deseo, la piedra filosofal de la dicha, el antídoto contra la abulia y la tristeza, nada menos que el espíritu de la primavera y la resurrección.
Semejante descubrimiento merecía una celebración por todo lo alto.
Decidió salir del laboratorio a tomar el sol.
Te amo, Karen
Cuando su pasión por la joven quiteña se extinguió, sólo tuvo que añadir dos letras al comienzo de la pintada.
Air Shylock
La sentencia de la señorita del mostrador fue tan implacable como los números sangrientos de la balanza digital: libra y media de exceso de equipaje.
Mi penitencia ha sido un riñón extirpado. Así volaré más ligero.
Bajo las piedras
Cuando sus padres sesteaban tras las labores del campo, ellos corrían al labajo más cercano pa´tirar cantos a los sapos o a los chicos del pueblo de al lao.
De costumbre volvían con arañazos, moratones o algún coscorrón, pero esta vez vinieron con cara de susto y, el chico de Paco "Galasia", con los dedos de la mano derecha como longanizas.
-¿Qué t’ha pasao, condenao?- fue la pregunta de bienvenida que, sin esperar respuesta alguna, precedió a una tremenda bofetada.
Todos en el pueblo ya sabían que era un mal bicho. Desde aquel día, al Arraclán ya nadie volvió a llamarle Paquillo.
Scoileanna saothair
Llegó un 5 de enero, frío y húmedo. Pronto le revelaron que sus mágicas majestades no aparecerían esa noche; allí sólo se recibían visitas del vigilante del sueño.
Los pasos se acercaban lentamente en la sala de camastros. Su pequeño corazón batía cada vez más rápido en su pecho, tanto, que nada más podía ser escuchado. Enmudeciendo su pulso permanecería a salvo.
Nadie le echaría en falta el día de reyes.
Rojos
Recordó sus labios, y tuvo que comerse los pétalos de suave fragancia.
Tal vez así podría digerir las espinas que punzaban su estómago.
El tambor de Elena
Imaginó que en la caja de detergente cabía un supermercado, en el supermercado una ciudad, en la ciudad un universo, en el Universo un solo grano de detergente. Soñó que al frotar ese polvo blanco entre sus dedos destrozaba civilizaciones, fulminaba países, aniquilaba planetas.
Se limpió, apresuradamente, en el delantal.
Volvió, sin demasiada convicción, a sus cotidianas tareas domésticas.
Informático
var X = 2
if (X == 1) document.write ("Qué malo...!")
else {document.write ("Gran microrrelato!")}
Informático anónimo.
Para Él, la rutina era un bucle, las posibilidades eran "ifs", la moral y las costumbres un vulgar sistema operativo, con sus deficiencias y desfases en la programación. Los problemas eran "bugs", las novedades "updates", las ordenes eran comandos y la realidad nada sino una prolongación de Internet.
Sus amigos - ¿qué amigos? - no le llamaban.
Él se llamaba. Dios.
Mingitorio
Se entretenía apuntando al logotipo de roca, sempiterno cabecero de la porcelana blanca, tan difícil de alcanzar por el común de los mortales.
Aquel día le salió el tiro por la culata.
Termópilas
Μολών λαβέ.
Leonidas I de Esparta.
Ya sentían el suelo temblar por el avance de la caballería persa. Un cuervo, espantado por el ruido de los innumerables cascos, cruzó volando hacia su izquierda.
-Mal presagio...-. El augur torció el gesto al Rey.
De inmediato, ordenó asetear a ese pájaro de mal agüero. De entre los cientos de flechas que volaron, lanzadas por tespios y tebanos, bastó que una alcanzara su objetivo. Al oráculo, mientras desenfundaba y se preparaba para armar el brazo: "Tal vez hoy todos alimentemos a las aves de rapiña; lo seguro es que tú serás el primero".
En la espalda del cadáver descabezado escribió con su xifos: "Así tratamos a los amigos. Pronto veréis lo que hacemos con vosotros". Tras montarlo a lomos de un caballo enfermo, lo ató al tronco del animal con una soga para que no cayera, y lo envió a la falange enemiga.
Entonces le pareció oler a huevos podridos. Ese, decían los ancianos de su tierra, era el olor del Infierno.
H1N1
En el hospital la llamaban la "Ini" desde que Sagrario, una habitual del servicio de urgencias, malinterpretara su grafía. Había teorías para todos los gustos. Unos decían que la inventó una farmacéutica para aumentar sus beneficios; otros que Zapatero para desplazar la negativa situación económica de las primeras páginas y, de paso, hacer disminuir el creciente número de parados... Incluso Martín, indio hasta la médula, defendía que era el último fichaje de Florentino para intentar ganar algo.
Confinado en el departamento de psiquiatría, sólo os puedo decir que soy el único que sabe que la mutación de la cepa será el principio de vuestro fin.
Segundos
-Quinientos uno, quinientos dos, quinientos tres…
Estaba fría el agua de la balsa, aun siendo verano, pero lo importante era ganar a cualquier precio. Su sambenito de farolillo rojo sería borrado por un glorioso triunfo que siempre recordarían, muy por encima de las competiciones de futbolín o de tirar cantos.
-Quinientos cuatro, quinientos cinco, quinientos seis.
Tras la hazaña, nadie volvería a sumergirse en aquel lugar. Bajo esa esmeralda masa líquida, dicen que aún puede oírse la cuenta del niño ahogado.
Oficio
Se sentaba en el último banco de la capilla, el más deteriorado por las inscripciones de los jóvenes revoltosos. Sólo pisaba el templo para asistir a funerales, siempre de riguroso luto. Nadie lo conocía, pero él no faltaba a ninguno.
Los lugareños decían que iba a todos para que, cuando llegara su hora, estuviera acompañado. No se imaginaban que él asistiría impasible a los de todos ellos.
La hija del taxidermista
Ensimismada, la chiquilla disfrutaba contemplando su brillante sonrisa invertida en los ojos glaucos, azabache, sin vida, de mochuelos, cornejas y autillos.
Él era un maestro en el arte de la fotografía tridimensional o de la bioescultura, como le gustaba llamar; de la limpieza, desuello, curtido, relleno, cosido y demás etapas del embalsamamiento. Para la maruja del tercero, un enfermo de rostro pálido y andares trémulos. Eso sí, el viudo tenía la disculpa de habérselas apañado para criar a una chica tan lozana y alegre.
Tan alegre porque sabía - su padre nunca miente - que un día volvería a ver a mamá.
Suero
En esa aséptica habitación de urgencias sólo el gotero se dignaba a derramar lágrimas por él.
Il buco del piacere
En plena euforia de la bacanal romana, decidió tomarse un descanso tras el denso cortinaje, en una pequeña sala apartada. Degustaba su gin-tonic en un cómodísimo sofa cuando, desde allí descubrió que la pared de enfrente tenía un agujero como a un metro del suelo. Al lado, un cartel con una flecha indicando hacia el orificio en el que se leía: “Il buco del piacere: Disfrute de todo el placer del otro lado”.
Curioso, se acercó savoreando su combinado. Cuando se agachó a mirar, sólo vió gente riéndose tras la pared. Mientras, unas manos recias le cogieron de la cintura. Inmediatamente comprendió que el que se encontraba al otro lado era él, que el agujero del placer no era sino el suyo.
Palomina
Noé no podía aguantar sus insoportables arrullos, así que se les ordenó desembarcar. Pero ellas, secretamente, sobrevolaron el arca durante cuarenta días, bajando a descansar al palo mayor durante cada una de sus cuarenta noches.
Cuando las aguas volvieron a su cauce, la pareja se conjuró para hacer la afrenta inolvidable a los descendientes de aquel malnacido, nieto de Matusalén, hijo de Lamec y, seguramente, también de una perra.
Las siguientes generaciones de palominos serían las encargadas de torpedear a excrementazos al, tan inhumano, género humano.
Clausura
Cerró la boca, esa por la que sólo podrían salir insensateces. Se tragó sus palabras, para que el viento no hiciera visibles sus sentimientos. Se mordió los labios para no mordérselos a ella. Y cerró los ojos, para que su mirada se dejara de acostumbrar a tanta belleza, para que su ausencia no le doliera tanto. Y dejó de pensar, si se puede llamar pensar (verbo demasiado racional) a pensar en ella.
Y decidió no salir de casa por miedo a encontrársela. Y se tapó los oidos con música, para no escuchar su voz, tan dulce, llamándole a todas horas. Y llenó su casa de objetos absurdos, para que su imagen no pudiera rellenar cada rincón vacío. Y quemó sus fotos para intentar quemar su recuerdo. Y rompió los espejos, que le devolvian el dolor de esos ojos que una vez la vieron tan cerca. Y cerró puertas y ventanas. Y se amordazó y se ató, como pudo, al sofá de la salita para vencer la tentacion de salir a la calle a gritar su nombre.
Y perdió el aliento, porque es posible vivir sin amor, pero no sin oxígeno.
El triste tigre
Fué capturado cuando su fiereza, su enormidad y su impoluto pelaje dorado le hacían sentir invencible. Al principio luchó violentamente, atacando los barrotes con garras y colmillos. Cuando comprendió que jamás saldría de allí, se apoderó de él una desesperanza que le hacía dar repetitivos paseos en forma de ocho, o de infinito, con la mirada perdida durante horas, hasta caer rendido. Así durante años hasta que, poco a poco llegó a acostumbrarse, e incluso apreciar, la comida diaria de su encierro, ese aséptico entorno, libre de peligros e incertidumbres.
Una tarde, por azar, el cuidador olvidó cerrar durante unos instantes, tiempo suficiente para deslizarse fuera, la trampilla.
Pero la marca de su jaula le acompañaría para siempre. Incluso hoy, la mayoría sólo le identifica por esas malditas rayas negras.
Sueño del final de una noche de verano
Como Homero podría haber escrito, la aurora de rosáceos dedos empezaba a vencer su batalla a los negros corceles de la noche, cuando me acordé de lo bien que podría estar yo recostado en una hamaca disfrutando del vinoso ponto. Desde la majada se veía ya la colladina en la que culminaba el sedo. Allí sólo faltaría descender hacia la base de la canal, salvando el paso más complicado por las laderas herbosas de la derecha.
Trepé, como buenamente pude, la chimenea de salida, con algo de humedad y mucho patio. En el paso de la llambria, algunas piedras sueltas se precipitaron hacia la garganta, mil y pico metros abajo, tan abajo que ya no me dió vértigo mirar atrás.
En el cresterío asomaron los primeros rayos de sol. Rayos de luz limpia y fría que me helaron hasta los bronquios. Aún no sé si lo que soñé sólo fué el final de una noche de verano.
Deus Irae
En los días de nublao, cuando las tardes de verano empezaban a barruntar tormenta, madre apretaba el paso al volver del lavadero. Después de cerrar con fuerza la puerta y la cancela del portal, entraba en la alcoba a por las dos mantas que hacen falta pa cubrir to los espejos de casa. Luego ya pondría algún trapo pa que no entrara agua del corral...
De to la vida se sabía que atraían los rayos, mi abuela le tenía dicho que guardara cuidao. De toas formas, esos inventos del demonio, servir, sirven; pero ni han sido nunca, ni son, de fiar. El relojillo de la cómoda parecía marcar una interminable cuenta atrás. Entonces aprovechaba pa rezar, sin devoción pero con convicción, como hacía casi todo. La lluvia ya se presentía en el empedrao de la calle. Las ráfagas de viento cesaron, el aire se paró a escuchar el inminente chaparrón.
Y padre allá fuera, con las ovejas, a legua y media del aprisco, en campo abierto, sin árbol donde guarecerse.
Madre nunca se pudo perdonar no haber rezado otro Ave María, no haber cubierto la esquina inferior izquierda del espejo de la salita, no haberse atrevido a decirle que, como le había comentao Don Cosme a la salida de misa, el domingo es día de descansar.
Jesús García “Chusti”
Desde que el negocio de carpintería familiar se había visto afectado por la tan manida crisis, sus ganas de ir a ver mundo se multiplicaron. Tras convencer a algunos colegas y después de salir a comprar tabaco, emprendió su huída por el país de Nunca-Jamás en su furgona pirata, denunciando los desmanes de la globalización, el consumismo de todo lo que no fuera maría y el yugo de las hipotecas amortajantes. Además, igual así se podían beneficiar a alguna aspirante a perroflauta con ganas de un ratico de amor libre.
Unos pocos se acercaban a sus manifas, a oir los mítines panfletarios y trasnochados de esos greñudos, más por la novedad, los porros y el cali gratis que por concordancia ideológica. Lo que no se les puede negar es que no hicieran verdaderos milagros con el papel de fumar, dominando las tentaciones gravitacionales del diávolo, o haciendo bailar, al ritmo de los yembés, a sus invitados en casas okupadas.
“Legalización” era el paradójico lema de los “...ni ley”. Pero esta sociedad farisea les daba la espalda. Ellos, de buen rollo, sólo querían comer vida y no cadáveres, gritar a los cuatro vientos que la tortura ni es arte ni es cultura, pero los maderos les crucificaban a multas por tenencia o incontinencia en la vía pública. Su particular calvario se avecinó cuando les pidieron los papeles del seguro y al pastor alemán le dió por olisquear bajo los asientos.
A los tres días, el vehículo seguía inmovilizado en comisaría. “Chusti”, con antecedentes, se quedaría unos cuantos días más inmovilizado. Algunos cuentan que no pararon de hacerle judiadas en la trena, que entre unos y otros le dejaron hecho un cristo.
Esos también dicen que ahora vuelve a lijar puertas, a la derecha de su padre. Parece que desde allí ya no se atreve a juzgar, ni a vivos ni a muertos.
Túnel
En la noche, como alma que lleva el diablo, salí de la urbe dirección a ninguna parte con olor a salitre. Pronto me engulló la cilíndrica boca de la mole granítica que se interponía en mi camino. Fui avanzando en su interior naranja, homogéneo, casi infinito. Resonaba el motor diesel en las paredes del paso subterráneo, e imaginé el sonido de las olas del mar, que nos abrazan con suave tacto en las noches de verano.
Súbitamente escuché una sirena de un vehículo de urgencias. La busqué con el retrovisor y observé que todo a mi alrededor estaba quieto. Sólo la ambulancia se movía en dirección hacia mí.
Arrecágeles
Estridentes, eléctricos, eran fugaces estelas en el cielo de verano. Sus alas, monumento biológico a la libertad, no les cabían en el cuerpo. Bebían en vuelo rasante de los labajos cercanos, alimentándose de los numerosos insectos que sobrevolaban el secarral al atardecer. Dicen que incluso dormían en el aire, dejándose llevar por las corrientes ascendentes. Realmente parecían disfrutar viendo el mundo a sus pies desde centenares de metros de altitud, o realizando espectaculares carreras de cuádrigas por entre las calles del casco antiguo. En una de ellas, una apurada de frenada errónea le jugó una mala pasada a un joven ejemplar.
Nadie le había explicado -tenía unas patas muy cortas, casi residuales- que un aterrizaje forzoso venía a ser sinónimo de condena de muerte, al no poder remontar el vuelo por su exagerada desproporción alar. Un par de gatos callejeros ya habían empezado una reyerta por la presa, antes siquiera de cobrarla.
Nadie le había explicado que el cuerpo del vencejo no estaba pensado para caer, sólo para soñar.
Top model
Ya le previno su abuela, antes de que partiera de su pequeña isla a buscar fortuna como jamelga de pasarela:
“Todos los seres tienen raíces, no sólo las plantas. Nosotros también tenemos raíces invisibles que nos ligan a nuestra tierra, que nos nutren de energía. Lejos de ella, poco a poco, casi sin darte cuenta, hija mía, llegará el día que te encuentres sin frescura, tarde o temprano te agostarás, te marchitarás... y lo peor... lo peor es que cuando te dés cuenta, ya será demasiado tarde...”
De tanto tomarle fotos, le robaron con ellas la vida, su juventud, “el alma”, como rezaba la vieja supersticion malgache. Violentos flashazos eclipsaban por momentos la radiante belleza solar de su paraíso natal.
No había conocido más raya que la del horizonte oceánico. Ahora las tenía todas allí mismo, en la impoluta mesita del hotel, a sólo un turulo de distancia.
Paraíso cercano
Estaba surcado por cuatro enormes ríos, con numerosos cauces secundarios, que confluían en una gran depresión central. Dos grandes cordilleras los limitaban al norte y al suroeste, aunque las curvas de nivel ocupaban toda la superficie.
Lo conocía como la palma de su mano. Concretamente, como la de su mano izquierda.
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"Prohibido fumar", "empuje", "vota P-Ta-Z", "compre 2 y pague 3", "colabora contra el cáncer de mentón"...
Vivía apocado en un mundo que se había convertido para él en una descomunal exhortación.
Corpus Christi
Ni siquiera la sombra del eucarístico dosel conseguía refrescar al joven cura párroco en el segundo de los jueves más relucientes que el sol.
Ataviado de alba, casulla y capa, la transpiración no era fácil. La lenta procesión de noveles comulgantes y Comitiva Municipal, Guardia Civil incluida, estaba haciéndole sufrir grandes escozores.
Brillaba la plateresca custodia ante los coloridos altares de las beatas que visten santos. Bendiciendo con un hisopo de bola ancha y robusta forma no podía evadir el recuerdo de aquel bello seminarista. Juntos habían bruñido anteanoche las varas del palio.
Calambre
No era lo típico de la puerta del coche, el jersey de lana, las puertas del metro y la pantalla del ordenador; no. Prácticamente todo lo que palpaba le producía estremecimientos espasmódicos poco agradables.
Y fue él quien se atrevió a tocarla para demostrar que la distribución de cargas estáticas no podía tener fijación con ella. Entonces, los ojos de él resplandecieron y ella no sintió molestia alguna, sino todo lo contrario. Ahora, ella sigue temiendo a las eléctricas sacudidas, pero es él quien se enfrenta a diario a la energía estática, por lo menos, mientras sus ojos sigan chisporroteando.
Európolis
Hoy el día no nacerá, este crepúsculo embrionario se prolongará hasta el anochecer...
Gris funcionarial, ciudad vertedero dos dias por semana, me decían, cuando llegué, que “no gusta, pero engancha”. “Como la droga adulterada”, recuerdo que pensé. A veces, como en este sucedáneo de mañana, llueve tan lento, gotas tan finas, tal que si el pavimento repudiara todo lo que viniese del cielo. Sus suelos son hostiles plantaciones de caninos excrementos y adoquines mellados dispuestos a mancillar cuanta pernera de pantalón ose aventurarse por sus dominios. Sus tranvías, sibilinas víboras gordas, acechan, con propósito incierto, a los incáutos transeúntes. Mientras, los coches se resignan a su diaria peregrinacion de lunes de muerte a viernes de ceniza. La luz cetrina de los faros al ralentí ilumina estos pasos de cebra por los que sólo caminan resignados animales domésticos de andar áspero.
Señores con corbata que escuchan, gesticulan, van al servicio, explican, toman apresurados el café, se exasperan y tienen mucho que hacer en los intestinos de los edificios. Hoy, como cada día, sólo seré uno de ellos.
Cecilia S. P.
Ojeando entre archivos de oficina, apareció aquella amarillenta cuartilla que revelaba su origen incierto.
Expósito volvió a ser entonces, y sus dos apellidos de carné no fueron suficiente razón para dejar de serlo. Una fecha y un lugar, eran lo único que tenía, lo demás tendría que ser rehecho.
En la sección de beneficencia, la gentil archivera le desenredó los balduques que protegían la consulta de aquellos libros de nombres.
De todos ellos, sólo uno le interesaba, sólo uno podría consolarle, sólo uno le proporcionaría las raíces de su nuevo norte.
Crisis
Iniciaba su paseo matutino haciendo sonar en cada paso los metales poco nobles que sus bolsillos cobijaban. En su recorrido, iba encontrándose con los acordeonistas rumanos; los subsaharianos de la “La farola”; los músicos andinos; el tirillas del metro que recita obnubilado la letanía del hambre y el paro; los mimos de estómago vacío; el chico de la cresta y la flauta de una canción; el adiestrador de gatos; etcétera.
Siempre regresaba a la pensión con la misma cantidad de monedas con las que iniciaba su caminar. Satisfecho por no apelar a la limosna. Ilusionado por llamar al teléfono de la octavilla que ofrecerá un gran trabajo.
Fritas
Humean los vapores residuales, subproducto de la combustión del almidón, en torno a la Place Jourdan, a la que acuden acólitos de todas las edades, razas, credos y pecunias. Aguardan con paciencia belga, esa mezcla extraña entre tibia alegría y resignación sin fecha de caducidad, los cucuruchos de cartón rellenos de colesterol. Maison Antoine, a pesar de tener nombre de costurería, peluquería o sauna gay, no es más que un pequeño tenderete que se dedica al noble arte del doble baño de trozos de tubérculos en aceite, grasa animal, o Dios sabe qué, hirviendo…
Esto es lo que las diferencia de cualesquiera: una absorcion lipídica a 160 grados, generadora de acrilamida, y un fugaz refritado a 185 que consolida los compuestos carcinógenos, a la par que les otorga ese crujir tan característico. Estamos, queridos amigos, ante algo así como el Vaticano de la fritanga, referencia mundial en la saturación arterial, un icono de la obesidad mórbida, la Meca del "cuerpo-estufismo", bandera gastronómica de una nación. Para los paladares más tolerantes, incondicionales de la fritura, la casa ofrece como aderezo a semejante manjar sus deliciosas salsas amayonesadas, cuya viscosidad las haría más propicias para la cementación del balbuceante adoquinado del foro en cuestión que para la ingesta humanoide.
Según las últimas estadísticas, la esperanza media de vida en Bélgica es tres años menor a la de España. Algunos todavía se preguntan por qué.
Djem El Fnaa
en un microcosmos donde se mezcle el olor a comida, humanidad, especias y despojos,
en un punto entre Oriente y Occidente,
en un lugar entre el Sur y el Norte,
en un estado de ánimo entre el turista y el nativo,
o entre el explotador y el estafador,
en un sabor entre la delicia del zumo de dátil
y el malestar de la cagalera,
en una moral que oscile entre el velo y el tanga,
en un poder adquisitivo que abrace al mendigo y al ClubMed,
que englobe la torcida cerviz del limpiabotas y el barullo del cibercafé,
la gastronomía de postín con los escrúpulos sanitarios del tenderete.
Como un vendedor al que le compran dinero a cambio de especias o baratijas;
como un escuchante de historias que nada entiende;
como un futuro adivinado en la mirada que lee la mano ajena;
como una serpiente sin armamento que, con leves movimientos de su cabeza,
dirige los gestos de un flautista unimelódico;
como una multitud que quiere creer a un jactancioso coleccionista de muelas,
o a ese charlatán calvo, adalid de un crecepelo milagroso;
como un niño que vende pasteles, o servilletas, o lo que haga falta,
y regala sonrisas a cambio de un dirham.
Como si el mundo cupiera en una plaza...
Budapest
Urbe bipolar, su caudalosa arteria fluvial la parte en dos mitades bien distintas: Buda, encrespada y señorial desde el Bastión de los Pescadores, mirando a su vecino de abajo por encima del hombro; Pest plana, desconchada, decadente, con ramalazos de esplendores de antaño, como el Parlamento o la Plaza de los Héroes, pero con el aroma generalizado de fragancia de abuelo noble venido a menos.
Por las noches queda envuelta por un manto de luces ténues, por la neblina que emana de la llanura húngara, por un pasado que dormita en los rincones. El castillo de Pest cobra toda su dimensión de sueño mágico, donde se reúnen todos los estilos, todas las tendencias, tal vez todo el espectro de lo posible. Las estatuas del balneario Szechenyi muestran su desnudez entre las nubes de vapor, burlándose de los imperfectos y apocados bañistas...
Unos pocos se atreven a ver su envite. Se besan como si el mundo lo fueran a cerrar a medianoche. Tal vez, quién sabe, alguno llore lágrimas de vino dulce antes de lanzarse por el Puente de las Cadenas a la gélidas aguas del Danubio.
Cuaresma
Enterrada la sardina, las palabras y promesas sinceras, pronunciadas durante un dulce idilio de carnaval, fueron el combustible que usamos para el ritual de la caducidad.
Cenizas que se lleva el viento, impuestas amargamente, bajo la frase solemne de “polvo eres y en polvo te convertirás”.
Desde el miércoles, cuarenta días de penitencia, de triste y fría abstinencia. Cuarenta días sin ti, en romántica espera, igual que Dafnis, anhelando la eterna primavera.
A Cloe
Ratas de aire
Se acomodan en nuestras barandillas, farolas y parques, inundan las calles con sus sonoros aleteos, anunciando la primavera con desagradables arrullos, probablemente siendo foco y vector de enfermedades espantosas. Lanzan sus deyecciones sin miramientos sobre transeúntes anónimos o respetables estatuas ecuestres, para luego caminar al monótono compás de su cabecita oscura, como si fueran completamente gilipollas.
Simples, estúpidas, feas y asquerosas, aves grises que tal vez denostamos porque se nos parecen demasiado. Unos pocos les dan de comer miguitas de pan, como si no se bastaran de carroña para extenderse como un cáncer por la ciudad.
Ayer, un amigo me contó que mató a una de un pisotón. Me dijo que no tenían sangre, que estaban huecas. Me contó que su frágil esqueleto crepitó como un montón de palitos secos al ser partido. Me contó que el aire que alojaba entre su osamenta, bajo su liviano abrigo de plumas, se lo llevó el viento. Aire sucio.
Pilongo
Era conocido por todos. Treinta largos años de residencia en la pedanía le habían curtido la cara y retocado el temperamento. Ajeno a la tierra que le viera nacer, uno más era, a los efectos.
Casado con una oriunda, progenitor de dos rollizos y autóctonos rapaces, era vetado en la centenaria procesión del Santo Sepulcro. Y no por falta de creencia, sino por "forastero".
No basta con pacer durante décadas en un lugar, -decían los cristianos viejos-, es la pila la que da ciertos derechos...
David y Goliath
Marmóreo, hercúleo, magnífico, David admiró su silueta apolínea reflejada fielmente por el espejo del tocador.
-Aprovéchate del “David de Miguel Ángel”- comentó socarrón a su esporádica compañera, mientras fingía una pose de estatua renacentista.
Ella se tomó su tiempo para responder, saboreando de antemano su enésima victoria, vocalizando elegante y de forma inapelable:
-Hoy me aprovecharé de David y, descuida, que ya daré buena cuenta de Miguel y de Ángel la semana que viene.
Sandía
Tu dulce raja, jugosa, sirvió para refrescar aquella tórrida sobremesa estival. Las chicharras marcaban el ritmo, frenético y sin mesura, de las degluciones compulsivas. Cuando hube saciado mi sed, tras un profundo suspiro (acaso sirvió de punto y aparte), esparcí tus pepitas con desgana.
Me tumbé a dormitar en la sombra de una encina, digiriendo en duermevela la liviandad de tu alma líquida, evocando semiconsciente la suavidad de tu corteza, tu perfección esférica...
Rojo joven por dentro, viejo verde por fuera.
Queridos ausentes:
Navidad, es Navidad, toda la gente se alegra... y se entristece la mar.
Jose Luis Perales.
Hay ausencias especialmente dolorosas, aquellas que treparon por el tronco del árbol de navidad recien instalado, arrastrando consigo todos los adornos y guirnaldas, dejando un barbecho animal, una enormidad de desierto y tristeza.
El niño en el portal se vuelve cada vez más pálido y mustio, con el buey y la mula mirando para otro lado, con una Virgen María cada vez más envuelta en sí misma, con un San José tan inerme y tieso como su bastón. Sus Mágicas Majestades ya habrán llegado demasiado tarde para traer algún ungüento que pudiera evitar lo inevitable, algún truco que pudiera quitarnos este llanto ahogado que quema en la garganta, algún billete de retorno que pudiera devolver, si quiera por unos instantes, a esas estrellas de Navidad que siempre guiarán, de alguna forma extraña, nuestros pasos.
Susurros del pinar
Don Eulogio siempre llevaba tapones en los oídos, aunque el otorrino le dijera, tiempo atrás, que no se observaba ninguna patología.
En sus años mozos, allá por el 36, escuchó una cantinela que unos segadores gallegos interpretaban durante la labor. Tras la faena, de ellos nada se supo. Su rastro se perdió entre capas de barrujo y piñotes secos, aunque sus melodías, libres, permanecieron. Desde entonces evitó el lugar, enterró la memoria, pero la musiquilla viajaría con el viento.
Una mañana lo encontraron ensangrentado. Desesperado, se había mutilado los oídos con un punzón. Su rostro, temeroso e insomne, denotaba la dura realidad que se corroboraba: la sangre no silencia a los ya muertos.
Días de borrasca
Tras la tempestad llega la calma, o eso dicen. La ciudad muestra los desastres de un meteorológico naufragio. Son los temporales los que ponen a prueba a nuestras opciones de amparo, y sólo las más fuertes aguantan. Restos cadavéricos se encuentran abandonados en cetrinas esquinas, ignorados por los precipitados caminantes. Los varillajes desbarajustados, los mangos rotos, las telas rasgadas: una tragedia para los protectores de la lluvia.
Renovar nuestras protecciones, es lo que toca tras el nuevo arco iris.
El ¨cortapichas¨
...o tijereta era ese bichejo pardo cuyo abdomen finalizaba en una temible tenaza. Dermáptero para los entomólogos.
En el imaginario infantil se trataba de un animal mítico, cual rata o lobo; tan superlativo como la mantis religiosa o el caballito del diablo; más renombrado que el bicho-bola; al menos tan peligroso como la tarántula y el escorpión.
Un día nos encontramos. Él entre las cortinas de la ducha. Yo, pensando que acabaría transformado en mariquita, aleteando al compás de las gráciles mariposas.
Crisis de valores
Cada mañana le traían la misma latita de gato malcriado. Acabó repudiando el ¨Güis-cats deluxe¨.
Olisqueaba desganado su comida mientras recordaba con añoranza tiempos de hambre y carroña.
Benidorm
En las cálidas noches del verano sevillano, los gitanillos de la barriada de ¨Las Tres Mil¨ saltaban algunas de las tapias de los chalés de Heliópolis. Sigilosos, no anhelaban riquezas, sino un dicreto chapuzón en las piscinas de aquellos que ya marcharon a la playa y no dejaron alarma ni perro para guardar sus pertenencias.
-¡Vamoh a Benidó, quillo!- era su grito de guerra mientras volaban sobre el Paseo de la Palmera con sus bicicletas destartaladas.
Nictófilo
Salía a pescar a las tantas, cuando en los garitos sólo quedaban borrachos, mujeres manoseables y otras inmundicias humanas. De vez en cuando se encontraba con antiguos conocidos, de cuando la noche eran luces doradas y música disco.
Viejas glorias, hoy carroñeros que vierten vómito entre estertores por las esquinas oscuras, cuando el bar cierra su persiana metálica y a los reyes del mambo sólo les acompañan las lejanas estrellas.
Prematuro despertar
Siempre despertaba a la misma hora. Las 5:11. No recordaba nada. Mejor. Sería alguna pesadilla…
Unas pocas veces me acordé de lo acontecido, instantes antes, en mi subconsciente. Surrealista en el mejor de los casos. Las más de las veces, desasosegante. Horrendo de vez en cuando.
No podía volverme a dormir. Tampoco levantarme, como si en el piso de abajo estuvieran esperando mis fantasmas. Permanecía en un estado de semi-vigilia hasta que los primeros rayos de sol entraban por la ventana.
Un nuevo día empezaba de nuevo, sólo para transformar el contenido de mis malos sueños.
Hijos de perra
Sólo era una madre amenazada, sin valor para atacar y sin poder dejar a sus vástagos en manos de esos bárbaros. Las dos crías de bípedos sin plumas eran capaces de lanzar piedras a distancias enormes y con gran precisión. Una de ellas alcanzó al menor, todavía demasiado pequeño como para experimentar odio o recelo.
Se quedó en pié, ladrando desconsolada al viento, esperando que los salvajes se aburrieran de su feroz diversión.
Juliette
Allí la encontré, centenaria, puede que inmortal. En definitiva, en una dimensión ajena al tiempo pero, a la vez, tremendamente material, insultantemente corpórea...
Con una finjida sonrisa tímida de comienzos del XVII, allí estaba la misma joven que trabajaba como dependienta en la pastelería de Moret-sur-Loin por la que paró D´Artagnan a tomar un bollito cuando hacía ronda como cadete en la compañía des Essarts de las Guardias Francesas en las inmediaciones de Fointenebleau, en aquel otoño de copas incendiadas.
El gascón volvería con asiduidad a catar las delicias de la patisserie Jérôme Perrier, seguramente la mejor de la región. No pocos problemas le depararía su goloso apetito.
Accidente laboral
Hicieron saber a los de la prensa que el compañero se quemó a lo bonzo, como medida de protesta ante el cierre de los astilleros. Las imágenes del trabajador ardiendo darían la vuelta al mundo.
-La desesperación puede conducir al ser humano a límites insospechados...- comunicó apesadumbrado el líder sindicalista.
Sólo él sabía que Martín, tal vez no hubiera nacido para soldar, pero menos aún para prender fuego a las barricadas.
Pastas de autor
Allí estaba él, bonachón, sin afeitar, leyendo el periódico. El mostrador carecía de género.
-¿Qué desea?
-Dos cajas de pastas.
En la pequeña bollería, impoluta y casi vacía, resonaba el eco de las melodías del transistor.
-¿Cuantas pastas quiere por caja?
-Lo normal, supongo... – contesté confundido. – No sé… ¿Treinta?
-Muy bien, mañana antes de la hora de comer estarán listas. Son ocho dólares.
-Pero... ¿no tiene ninguna caja ya preparada?
-Oiga… -contestó ofendido. - ...si quiere cajas de pastas, vaya usted al mercado y allí las podrá comprar. Si quiere mis pastas, déme el dinero y mañana las tendrá...
-Y recuerde que no soy un vendedor, sino un artesano.- espetó, ya sin ascuas en los ojos.
Me pregunté, atónito, si firmaría cada pieza con sus iniciales. Tal vez las llevara al registro para efectuar un copyright de cada una. Pastas de autor.
Después de salir, aún sorprendido, volví la vista atrás y comprobé cómo apagaba la radio. Empezaba a preparar la harina, el azúcar y los huevos necesarios para su genial creación.
Faro de Eckmül
A Edu.
Mi tatarabuelo era marinero, como tantos bretones. Pereció por estos mares, dejando a mi tatarabuela viuda y con la taberna bajo el faro como única fuente de ingresos. Lugar proscrito, señalado y repudiado por los poderes eclesiásticos de la zona, hacia ella se dirigían los inocentes feligreses, atraídos por el hipnótico haz de luz giratorio, para perderse en su bruma y arder en el fuego eterno del Averno.
Cuentan que la hija joven de la dueña, ayudante de camarera que luego sería mi bisabuela, conoció allí a un apuesto galán que trabajaba en un cuartel cercano. Siempre pedía lo mismo: una cerveza con picón, y una cita para el día siguiente. A cambio sólo le ofrecía unas monedas y una irresistible sonrisa envuelta en un elegante uniforme.
Al cabo de unas semanas, ya paseaban de la mano bajo este cielo gris, entre la espuma de las olas que salpicaban la dársena del puerto.
Tauroadicción
Jóvenes, gordos y viejos son, por unos segundos, niños que gritan, brincan y juegan. Cada vez que salen de un lance con el animal, lo golpean o, simplemente, lo citan, se les traza la seña de identidad de la comarca: la bobalicona sonrisa posterior.
Han estado en el epicentro de la vida social del municipio. Han visto de frente al Minotauro. Han encontrado un motivo más de charla para el monólogo, sucesivo o simultáneo, del vermú en el bar.
Girasoles
El verano torció la cerviz de los miles de girasoles que, desde principios de septiembre, rinden eterna pleitesía a la cuna solar.
Otros campos buscan el sol desde sus ejes rotatorios. Forasteros recién llegados desde la capital a páramos cuyos vientos fríos desecan las almas y deshumoran los pedregosos campos.
-Buscan producir energía, dicen.
Ya no recuerdan las huertas ni las choperas. Después, la remolacha emigró. A ellos les dijeron que volverían, pero ya se saben cómo son estas cosas.
-Cada vez menos sembrao, y más cantos y más abrojos...
Los viejos girasoles dan la espalda a un enésimo crepúsculo. Miran con resignación un terreno indigno.
Pancho
Azabache sobre blanco, su mirada bovina, imperturbable, comprendía el mundo sin necesidad de conocerlo. Emanaba tranquilidad sin precisar seguridad. Reflejaba sosiego cuando a otros les turbaba la prisa, el pánico o la euforia. Sonreía con los ojos, aunque no creo que lo supiera o le importara. Cuando comenzaba a liar un cigarro, tenía que acabarlo para después fumar tranquilamente, ya comenzara un chaparrón, o un aguacero de granizo o de meteoritos.
Era inmortal, pues poseía todo el tiempo del mundo, tal que un buda flotando sobre una hoz ibérica...
…yéndose a tomar unas ¨cerves¨ en el pueblo más cercano, esparciendo por doquier su mensaje sin palabras.
God
He would need just a little bit to be good.
Omarovica
No single seeing eye,
No tongue of Turk,
Escap`d to tell his tale another day!
We put them all unto the sword.
The Mountain Wreath. Njegoš.
Dijeron que si no encontraban resistencia serían clementes. La aldea se llenó de sábanas y camisas blancas; en cada puerta, en cada pared, en cada casa. Un comando de milicianos, muchos de ellos vecinos nuestros, se llevó a todos los varones. También a tu padre y a Hamdia. Algunas chicas jóvenes les siguieron días después. Los pocos que se atrevieron a pedir explicaciones, sólo recibieron sepultura en el río. Yo me quedé envuelta en una manta, aterida de miedo y de frío, demasiado preocupada por todo como para tener hambre.
Así pasé contigo aquel invierno. Sabía que los francotiradores del otro lado acechaban. Sólo tú, tan pequeño, te atrevías a salir, a buscar algo que comer o para jugar con los amigos en algún patio interior.
Sólo tú, una isla en este enorme océano de locura. Isla que me salvó del naufragio. Locura que me permite seguir hablándote aunque ya no estés.
El insomne
De mis años de revisor, nunca olvidaré a aquel durmiente viajero. Gastaba casi todo su dinero en billetes nocturnos de tren. Pude saber que no viajaba por ocio, familia o trabajo. Únicamente era capaz de conciliar el sueño en vagones ferroviarios de largo recorrido. Repartía sus días en varias ciudades, gastaba sus noches entre raíles y traqueteares. Ningún lugar podía evaporar su eterno desvelo.
Dicen que hay trenes que pasan sólo una vez en la vida. Él lo sabía, yo lo sé. Quizás por eso ambos necesitábamos estar en un tren: para evitar ver cómo se marchan lentamente desde el apeadero.
A Geiger.
Estrellado
Su madre le había dicho que ella se merecía lo mejor, la luna entera, y todo lo demás sería poco.
A él se le ocurrió llevarle una pequeña luna que había robado, con mucho pesar, del belén de la parroquia.
Al verla, ella le sonrió con ternura. Le obsequió con un piadoso beso en la mejilla.
Mientras recibía los sopapos del sacristán, él sólo sentía el suave roce de sus labios, y sus ojos, humedecidos, relucieron durante días como infinitos astros del firmamento.
Procedente
Cinco minutos no es demasiado tiempo, pensó.
Todas las mañanas, tras sonar el despertador, se le pegaban las sábanas durante cinco minutos. Ese mismo lapso pasaba esperando al bus que le llevaba al trabajo. Además, estaba el fatídico semáforo de la glorieta del Emperador Carlos V, con su verde señor burlón, que siempre parpadeaba cuanto él se aproximaba caminando.
Y daba igual que madrugara más, Dios no le prestaba la menor atención...
-Cinco minutos diarios son poco, sí… pero, durante todo un año, son unas diecisiete horas, o sea, dos días de trabajo. Comprenderá que estamos en crisis y usted nos lo ha puesto fácil-, le espetó su jefe, el único día que había sido puntual.
Canícula
Sus más de setenta y cinco años de historia comenzaron un ardiente estío, durante un trayecto ferroviario.
Su biografía nunca había suscitado la curiosidad de hijos y nietos, ni siquiera la de los médicos.
-Sólo será un momento-, le dijeron mientras se dirigían al centro comercial en busca de artículos playeros.
En un coche, en un infernal aparcamiento, hubo de finalizar su viaje, también, un caluroso verano.







