El refugiado

En aquel campo, al que se atrevieron a poner puertas, llegó confiando en la espesura de las mantas y la indiferencia del nylon.

Lejanas explosiones, suaves como descorches de champán, le animaban a cerrar los ojos. Una triste nana para los obligados a sobrevivir solos.

Al contrario que sus vecinos, su tremendísimo temor era el premonitorio silencio, la trájica calma de la rotunda noche.

 

14/01/2016 21:42 Retólicas del vallico ;?>

Comentarios » Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.