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El Coche de la sangre

Rojo brillante, casi líquido, sus monstruosas sirenas y bocinazos anunciaban la tragedia desde lontananza, cuando sus faros potentes se acercaban a ritmo de locomotora. Enorme, avanzaba ocupando los dos carriles. Más valía no interponerse en su camino, por lo que pudiera pasar. Si tenía conductor o no apenas importaba, pues se hablaba de él como si tuviera vida propia, malvada, ajena a la voluntad de cualquier ocupante.

Sus motivos, desconocidos, no importaban tanto como sus dramáticas consecuencias, nunca relatadas, magnificadas por la imaginación infantil.

 

 

16/08/2011 11:55 Retólicas del vallico ;?>

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