El pianista del Palace

Erguido, con los brazos deslizándose sobre el teclado y esos dedos ágiles que parecían querer llegar allá donde su cabeza se encontraba desde el mismo instante en que atravesó la puerta. Unos pocos, los más educados, le agraciaban con un leve asentimiento de cabeza a la par que levantaban ligeramente su copa esbozando la bobalicona sonrisa de la saciedad. La mayor parte lo tenía como música de fondo de sus conversaciones banales. La melodía era periódicamente aderezada las sonoras carcajadas de una u otra mesa.

Su presencia no se debía precisamente al gran amor por las artes del respetable, sino por una simple cuestión de estatus.

El estómago se alegraba de la estupidez ajena, pero él se sabía incapacitado para la gratitud.

 

 

07/06/2011 20:59 Retólicas del vallico ;?>

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