La Verdad
Locke defendía que se podía llegar a la verdad a través de los sentidos. Descartes, en cambio, postulaba que era la razón quien conducía al conocimiento de la verdad.
Iván, desde bien pequeño, tenía claro que la Verdad mayúscula, aquella que de verdad importaba era la que establecía la hora del toque de queda nocturno, la que diferenciaba las buenas de las malas compañías, la que le había encauzado en la senda del éxito profesional como opositor a administrador.
La Verdad eyectada por la poblada barba mientras su barriga, suficiente, se cruzaba de brazos y le miraba a los ojos, sin parpadear, por encima del hombro.
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