Olma
Tiene un corazón tan grande… En su hueco, maternal, soplan los vientos de la infancia de los viejos. Débiles las ramas crecen, mas empeñadas en alcanzar un cielo arado o lavado, siempre ancho, de lechuzas y halcones, atardeceres prendidos, lunas de Viernes Santo.
Sólida en el tronco de penas retorcido, de amores, prohibidos o probables, tatuado. Terminal, derrumbada, misterio, de su atalaya rocosa contempla cansado devenir de mortales, vertiginoso vuelo de vencejos, lejanas montañas violetas donde vierte el cereal oceánico.
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