Solterona
Se quedó pa vestir santos, ayudar al párroco en cuanto estuviera en su mano y ser el blanco de las risas de los del bar y de las habladurías de las señoras de los dos primeros bancos.
Sus ropas, modestas a la vista, emanaban un intenso olor a incienso y naftalina. Ella sin rechistar, que en boca cerrada no entran ni moscas ni na. Sólo en la sacristía, bajo el alba, la estola y la casulla, trataría de aplacar con denuedo los ardores que el celibato provoca.
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Autor: Macdito
Fecha: 12/05/2010 13:10.
Autor: Txarli
Fecha: 27/05/2010 01:13.







