El gato negro
Todas las mañanas, al pasar cerca de la ventana, entreabría sus ranuras para mirarme, no sé si con desgana o recelo. A mi me parecía siempre una mirada burlesca. Luego se solía estirar, enseñando sus garras afiladas y ocupando todo su brillante pelaje en un comodísimo canasto acolchado antes de darme la espalda y volver a dormitar.
Al otro lado de la ventana, frente a un viento helador, yo seguía avanzando, sin mucho convencimiento, hacia mi despacho.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: Macdito
Recuerdos para ese felino llamado Tristán.
Fecha: 23/04/2010 11:01.







