Oblación

Un taciturno restaurador se había encargado de enlucir tan venerada talla.
Quiso magnificar el realismo sanguinolento de la imaginería española incidiendo sus delgados brazos.
Los fieles, en gris espera, besarían al día siguiente los pies con su propia sangre pintados. Mientras, él sanaría las nuevas cicatrices, más largas, aunque menos profundas que las de los escondidos pinchazos.
05/03/2010 14:16 Retólicas del vallico ;?>
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