El catador
A la hora del almuerzo daba su paseíllo por los huertos de los domingueros. Llevaba la camisa siempre limpia, una gorra madrileña y un palillo en la boca. En los bolsillos, navajilla de Toledo, salero apañado y alcuza medio rota.
Su tiempo se tomaba para escoger el mejor fruto de la tomatera. Y bien le abría el apetito, que gustosa recibía su parienta.
Quiso Dios que ese día regresara con churretes colorados. De esos que no se quitan. Como las cicatrices de los perdigonazos.
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Autor: Djanker
Aunque donde las dan, las toman...
Como dice la cancion esa de hace unos cuantos veranos: "Catador, catador, donde vas, catador?"
D.
Fecha: 24/02/2010 23:14.







