Vértigo
Cuando sonó la alarma, ya notó algo extraño, como si una antigua resaca de juventud se hubiera dejado trabajo por hacer. Al ponerse en pie, tuvo que apoyarse en la pared ligeramente, víctima de un aturdimiento que achacó al prematuro despertar al que obligan los lunes.
-Desayunando un café con leche y mucho azúcar es posible que esta temporal hipoglucemia emigre a otros parajes - pensó mientras avanzaba descalzo por el parquet.
Para su sorpresa, el desequilibrio, la confusión y el titubeo no remitieron en toda la jornada laboral, haciéndose aún más intensos en las horas de descanso: en el cigarrito de media mañana, durante la comida, volviendo a casa...
Ya en su sofá, estando solo, fijando la mirada en su reflejo del televisor desconectado, pensó que su vértigo tenía tal vez algo de físico, pero mucho de existencial.
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