Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2009.

Deus Irae

En los días de nublao, cuando las tardes de verano empezaban a barruntar tormenta, madre apretaba el paso al volver del lavadero. Después de cerrar con fuerza la puerta y la cancela del portal, entraba en la alcoba a por las dos mantas que hacen falta pa cubrir to los espejos de casa. Luego ya pondría algún trapo pa que no entrara agua del corral...

De to la vida se sabía que atraían los rayos, mi abuela le tenía dicho que guardara cuidao. De toas formas, esos inventos del demonio, servir, sirven; pero ni han sido nunca, ni son, de fiar. El relojillo de la cómoda parecía marcar una interminable cuenta atrás. Entonces aprovechaba pa rezar, sin devoción pero con convicción, como hacía casi todo. La lluvia ya se presentía en el empedrao de la calle. Las ráfagas de viento cesaron, el aire se paró a escuchar el inminente chaparrón.

Y padre allá fuera, con las ovejas, a legua y media del aprisco, en campo abierto, sin árbol donde guarecerse.

Madre nunca se pudo perdonar no haber rezado otro Ave María, no haber cubierto la esquina inferior izquierda del espejo de la salita, no haberse atrevido a decirle que, como le había comentao Don Cosme a la salida de misa, el domingo es día de descansar.

 

 

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02/09/2009 01:06 Retólicas del vallico ;?> Hay 4 comentarios.

Sueño del final de una noche de verano

Como Homero podría haber escrito, la aurora de rosáceos dedos empezaba a vencer su batalla a los negros corceles de la noche, cuando me acordé de lo bien que podría estar yo recostado en una hamaca disfrutando del vinoso ponto. Desde la majada se veía ya la colladina en la que culminaba el sedo. Allí sólo faltaría descender hacia la base de la canal, salvando el paso más complicado por las laderas herbosas de la derecha.

Trepé, como buenamente pude, la chimenea de salida, con algo de humedad y mucho patio. En el paso de la llambria, algunas piedras sueltas se precipitaron hacia la garganta, mil y pico metros abajo, tan abajo que ya no me dió vértigo mirar atrás.

En el cresterío asomaron los primeros rayos de sol. Rayos de luz limpia y fría que me helaron hasta los bronquios. Aún no sé si lo que soñé sólo fué el final de una noche de verano.

 

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20/09/2009 02:08 Retólicas del vallico ;?> No hay comentarios. Comentar.

El triste tigre

Fué capturado cuando su fiereza, su enormidad y su impoluto pelaje dorado le hacían sentir invencible. Al principio luchó violentamente, atacando los barrotes con garras y colmillos. Cuando comprendió que jamás saldría de allí, se apoderó de él una desesperanza que le hacía dar repetitivos paseos en forma de ocho, o de infinito, con la mirada perdida durante horas, hasta caer rendido. Así durante años hasta que, poco a poco llegó a acostumbrarse, e incluso apreciar, la comida diaria de su encierro, ese aséptico entorno, libre de peligros e incertidumbres.

Una tarde, por azar, el cuidador olvidó cerrar durante unos instantes, tiempo suficiente para deslizarse fuera, la trampilla.

Pero la marca de su jaula le acompañaría para siempre. Incluso hoy, la mayoría sólo le identifica por esas malditas rayas negras.

 

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29/09/2009 00:52 Retólicas del vallico ;?> Hay 3 comentarios.

Clausura

Cerró la boca, esa por la que sólo podrían salir insensateces. Se tragó sus palabras, para que el viento no hiciera visibles sus sentimientos. Se mordió los labios para no mordérselos a ella. Y cerró los ojos, para que su mirada se dejara de acostumbrar a tanta belleza, para que su ausencia no le doliera tanto. Y dejó de pensar, si se puede llamar pensar (verbo demasiado racional) a pensar en ella.

Y decidió no salir de casa por miedo a encontrársela. Y se tapó los oidos con música, para no escuchar su voz, tan dulce, llamándole a todas horas. Y llenó su casa de objetos absurdos, para que su imagen no pudiera rellenar cada rincón vacío. Y quemó sus fotos para intentar quemar su recuerdo. Y rompió los espejos, que le devolvian el dolor de esos ojos que una vez la vieron tan cerca. Y cerró puertas y ventanas. Y se amordazó y se ató, como pudo, al sofá de la salita para vencer la tentacion de salir a la calle a gritar su nombre.

Y perdió el aliento, porque es posible vivir sin amor, pero no sin oxígeno.

 

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30/09/2009 00:22 Retólicas del vallico ;?> No hay comentarios. Comentar.