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Budapest

Urbe bipolar, su caudalosa arteria fluvial la parte en dos mitades bien distintas: Buda, encrespada y señorial desde el Bastión de los Pescadores, mirando a su vecino de abajo por encima del hombro; Pest plana, desconchada, decadente, con ramalazos de esplendores de antaño, como el Parlamento o la Plaza de los Héroes, pero con el aroma generalizado de fragancia de abuelo noble venido a menos.

Por las noches queda envuelta por un manto de luces ténues, por la neblina que emana de la llanura húngara, por un pasado que dormita en los rincones. El castillo de Pest cobra toda su dimensión de sueño mágico, donde se reúnen todos los estilos, todas las tendencias, tal vez todo el espectro de lo posible. Las estatuas del balneario Szechenyi muestran su desnudez entre las nubes de vapor, burlándose de los imperfectos y apocados bañistas...

Unos pocos se atreven a ver su envite. Se besan como si el mundo lo fueran a cerrar a medianoche. Tal vez, quién sabe, alguno llore lágrimas de vino dulce antes de lanzarse por el Puente de las Cadenas a la gélidas aguas del Danubio.

 

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20/04/2009 00:30 Retólicas del vallico ;?> No hay comentarios. Comentar.

Djem El Fnaa

El que pase por aquí, siéntese en el epicentro del Mundo,
en un microcosmos donde se mezcle el olor a comida, humanidad, especias y despojos,
en un punto entre Oriente y Occidente,
en un lugar entre el Sur y el Norte,
en un estado de ánimo entre el turista y el nativo,
o entre el explotador y el estafador,
en un sabor entre la delicia del zumo de dátil
y el malestar de la cagalera,
en una moral que oscile entre el velo y el tanga,
en un poder adquisitivo que abrace al mendigo y al ClubMed,
que englobe la torcida cerviz del limpiabotas y el barullo del cibercafé,
la gastronomía de postín con los escrúpulos sanitarios del tenderete.

Como un vendedor al que le compran dinero a cambio de especias o baratijas;
como un escuchante de historias que nada entiende;
como un futuro adivinado en la mirada que lee la mano ajena;
como una serpiente sin armamento que, con leves movimientos de su cabeza,
dirige los gestos de un flautista unimelódico;
como una multitud que quiere creer a un jactancioso coleccionista de muelas,
o a ese charlatán calvo, adalid de un crecepelo milagroso;
como un niño que vende pasteles, o servilletas, o lo que haga falta,
y regala sonrisas a cambio de un dirham.

Como si el mundo cupiera en una plaza...

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29/04/2009 00:26 Retólicas del vallico ;?> Hay 2 comentarios.