Termópilas
Μολών λαβέ.
Leonidas I de Esparta.
Ya sentían el suelo temblar por el avance de la caballería persa. Un cuervo, espantado por el ruido de los innumerables cascos, cruzó volando hacia su izquierda.
-Mal presagio...-. El augur torció el gesto al Rey.
De inmediato, ordenó asetear a ese pájaro de mal agüero. De entre los cientos de flechas que volaron, lanzadas por tespios y tebanos, bastó que una alcanzara su objetivo. Al oráculo, mientras desenfundaba y se preparaba para armar el brazo: "Tal vez hoy todos alimentemos a las aves de rapiña; lo seguro es que tú serás el primero".
En la espalda del cadáver descabezado escribió con su xifos: "Así tratamos a los amigos. Pronto veréis lo que hacemos con vosotros". Tras montarlo a lomos de un caballo enfermo, lo ató al tronco del animal con una soga para que no cayera, y lo envió a la falange enemiga.
Entonces le pareció oler a huevos podridos. Ese, decían los ancianos de su tierra, era el olor del Infierno.
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Autor: Macdito
Ya le imagino pensando estas historias en su viaje por helenas tierras.
Otra vez más vuelve a aparecer ese olor a mortecino que tanto nos inspira y que poco tiene que ver con los huevos podridos.
Fecha: 07/12/2009 10:47.
Autor: Djanker
Fecha: 07/12/2009 11:28.







