Segundos
-Quinientos uno, quinientos dos, quinientos tres…
Estaba fría el agua de la balsa, aun siendo verano, pero lo importante era ganar a cualquier precio. Su sambenito de farolillo rojo sería borrado por un glorioso triunfo que siempre recordarían, muy por encima de las competiciones de futbolín o de tirar cantos.
-Quinientos cuatro, quinientos cinco, quinientos seis.
Tras la hazaña, nadie volvería a sumergirse en aquel lugar. Bajo esa esmeralda masa líquida, dicen que aún puede oírse la cuenta del niño ahogado.
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Autor: Djanker
Fecha: 23/11/2009 10:43.
Autor: Macdito
Los pequeños poetas cantan de cosas pequeñas; de esperanzas, de alegrías y fe; de pequeñas reinas y reyes de juguete, de amantes que se besan y se unen, y de modestas flores que se cimbrean al Sol. Los grandes poetas escriben con sangre y lágrimas y agonía que, como las llamas, devoran y arrasan. Alcanzan la ciega locura con sus manos, en la noche; sondean los abismos que representan la muerte; se arrastran por golfos donde serpentea la locura y locas y monstruosas pesadillas que quieren destruir el mundo.
Fecha: 23/11/2009 10:51.
Autor: Djanker
Los grandes poetas, supongo que cantan a las cosas grandes, pero tambien la grandeza de las cosas pequeñas.
Para mi, otro de los meritos de este relato es mezclar la pequeñez de los juegos veraniegos con la tragedia de la muerte accidental.
D.
Fecha: 25/11/2009 09:39.
Autor: Albero
Van ustedes haciendo obras cada vez más redondas.
Últimamente no me recupero de tanta bofetada literaria.
Me tienen cautivado, caballeros.
Fecha: 25/11/2009 09:59.







