La hija del taxidermista
Ensimismada, la chiquilla disfrutaba contemplando su brillante sonrisa invertida en los ojos glaucos, azabache, sin vida, de mochuelos, cornejas y autillos.
Él era un maestro en el arte de la fotografía tridimensional o de la bioescultura, como le gustaba llamar; de la limpieza, desuello, curtido, relleno, cosido y demás etapas del embalsamamiento. Para la maruja del tercero, un enfermo de rostro pálido y andares trémulos. Eso sí, el viudo tenía la disculpa de habérselas apañado para criar a una chica tan lozana y alegre.
Tan alegre porque sabía - su padre nunca miente - que un día volvería a ver a mamá.
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Autor: Macdito
No se me ocurre una idea mejor para dar color a tanto fotograma en blanco y negro, je je
Fecha: 03/11/2009 13:56.
Autor: Albero
Fecha: 16/11/2009 18:52.
Autor: Djanker
D.
Fecha: 18/11/2009 09:18.







