Budapest

Urbe bipolar, su caudalosa arteria fluvial la parte en dos mitades bien distintas: Buda, encrespada y señorial desde el Bastión de los Pescadores, mirando a su vecino de abajo por encima del hombro; Pest plana, desconchada, decadente, con ramalazos de esplendores de antaño, como el Parlamento o la Plaza de los Héroes, pero con el aroma generalizado de fragancia de abuelo noble venido a menos.

Por las noches queda envuelta por un manto de luces ténues, por la neblina que emana de la llanura húngara, por un pasado que dormita en los rincones. El castillo de Pest cobra toda su dimensión de sueño mágico, donde se reúnen todos los estilos, todas las tendencias, tal vez todo el espectro de lo posible. Las estatuas del balneario Szechenyi muestran su desnudez entre las nubes de vapor, burlándose de los imperfectos y apocados bañistas...

Unos pocos se atreven a ver su envite. Se besan como si el mundo lo fueran a cerrar a medianoche. Tal vez, quién sabe, alguno llore lágrimas de vino dulce antes de lanzarse por el Puente de las Cadenas a la gélidas aguas del Danubio.

 

20/04/2009 00:30 Retólicas del vallico ;?>

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