David y Goliath
Marmóreo, hercúleo, magnífico, David admiró su silueta apolínea reflejada fielmente por el espejo del tocador.
-Aprovéchate del “David de Miguel Ángel”- comentó socarrón a su esporádica compañera, mientras fingía una pose de estatua renacentista.
Ella se tomó su tiempo para responder, saboreando de antemano su enésima victoria, vocalizando elegante y de forma inapelable:
-Hoy me aprovecharé de David y, descuida, que ya daré buena cuenta de Miguel y de Ángel la semana que viene.
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Autor: Anónimo
S.
Fecha: 27/02/2009 10:15.







