Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2008.
Resumen
- 05/05/2008 13:37 - Ego te absolvo
- 06/05/2008 14:07 - Ego te absorbo
- 23/05/2008 11:23 - Edema
- 25/05/2008 22:23 - Gelifracción
- 26/05/2008 10:41 - Despedida
- 27/05/2008 09:10 - Haiku de la cumbre
- 28/05/2008 12:32 - Terminal
Ego te absolvo
La sacristía rezumaba el dulce aroma de la mistela que, sin transustanciar, no era más que deleite pecaminoso de sentidos. En la tarima, un manutergio manchado de rojo carmín había recogido el rastro que los labios dejaron en el cáliz.
Se consagraron al deseo en una liturgia sin estola, ni palia, ni patena y los cirios habían contemplado la blancura de sus pieles, envidiadas por las distantes ropas negras.
Meses en retiro le borraron aquella nocturna adoración. Siguió entonces impartiendo absolución, aunque bien sabía que de poco sirve sin arrepentimiento.
Ego te absorbo
La moral la administramos nosotros. Concedemos también el perdón, en nombre del Altísimo, claro está.
El no trabajar exige trabajo, como comprenderá. El cepillado mental, la fuente de nuestros benditos cepillos.
Edema
A los ángeles caídos.
Su vida se extinguió como una vela; parecía que permanecía igual pero, cada minuto que pasaba, se consumía lenta, inexorable, en una agonía congelada con repentinos brotes marchitos de esperanza y lucidez.
Jari, el único supervivente, trató de reanimarlo durante días. Cuenta que, al ver sus ojos opacos, sus mejillas y su barba llenas de lágrimas congeladas, le miró fijamente y masculló: "Joder, si que debo estar mal… Vete y déjame en paz...".
Su sueños quedaron allá arriba, donde siempre estuvieron.
Los de Jari también debieron quedar arriba. Aún no los encontró.
Gelifracción
Era la más fría de aquel abulense berrocal. De entre todas ellas, enormes como huevos prehistóricos, la eligió como reposo emocional durante aquel estío.
Fueron esos días los más felices de su dilatada existencia. Le invadían los escalofríos ante el dulce recitar de sus pensamientos y juntos eran uno, en aquel granítico universo.
Cuando las tardes comenzaron a menguar, volvió a quedarse sola.
Y el otoño trajo las lágrimas que recorrieron sus profundas oquedades. Y el invierno heló su corazón, que no tardó en desquebrajarse, quizás, sólo quizás, por miedo a la eterna soledad.
Despedida
Partan en retirada los hermosos efebos dorados de su majestad. Lleven consigo una cohorte de luciérnagas refulgentes, sus hábitos crepusculares y sus intenciones ribeteadas de perfidia y desatino hacia los confusos palacios del olvido. Vean sus ojos lo que nadie nunca vió. Mueran de sed o de espanto las alimañas del borde del camino. Hágase su voluntad en la tierra y déjese el cielo para los que lo merezcan.
Sea ésta mi última órden.
Haiku de la cumbre
Yo
subo
pa tener
ganas de bajar.
Terminal
Ya morí cada vez que me cerraban (o me cerraba) puertas en los morros, cuando decía "no" y quería decir "sí", también cuando decía "sí" y quería decir "no", cuando rellenaba mi tiempo de absurdo, de vacío; cada vez que elegía un camino y se me borraban miles…
No tengo miedo. Afortunadamente, he ido falleciendo mientras trataba de vivir sin desfallecer.
Ahora sólo queda terminar de morir.






