Procedente
Cinco minutos no es demasiado tiempo, pensó.
Todas las mañanas, tras sonar el despertador, se le pegaban las sábanas durante cinco minutos. Ese mismo lapso pasaba esperando al bus que le llevaba al trabajo. Además, estaba el fatídico semáforo de la glorieta del Emperador Carlos V, con su verde señor burlón, que siempre parpadeaba cuanto él se aproximaba caminando.
Y daba igual que madrugara más, Dios no le prestaba la menor atención...
-Cinco minutos diarios son poco, sí… pero, durante todo un año, son unas diecisiete horas, o sea, dos días de trabajo. Comprenderá que estamos en crisis y usted nos lo ha puesto fácil-, le espetó su jefe, el único día que había sido puntual.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: Djanker
D.
Fecha: 25/08/2008 09:16.







