Despedida
Partan en retirada los hermosos efebos dorados de su majestad. Lleven consigo una cohorte de luciérnagas refulgentes, sus hábitos crepusculares y sus intenciones ribeteadas de perfidia y desatino hacia los confusos palacios del olvido. Vean sus ojos lo que nadie nunca vió. Mueran de sed o de espanto las alimañas del borde del camino. Hágase su voluntad en la tierra y déjese el cielo para los que lo merezcan.
Sea ésta mi última órden.
Comentarios » Ir a formulario







