N.I.B.

Cuenta la leyenda que fue en la castiza plaza mayor de la capital donde Pelayo Rodríguez se convirtió en Black Claus. Tras permanecer varios minutos con los ojos cerrados bajo un cielo adornado de luminosa navidad, decidió combatir aquel despilfarro energético, aquella manifestación ostentosa de la mundialización.

Una canción de los oscuros sabáticos serviría de nombre para su causa.

Esa misma noche comenzaría su cruzada contra el lux navideño atacando desprevenidas bombillitas públicas...

 

25/12/2007 20:41 Retólicas del vallico ;?>

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Autor: Sergio

Miguel, no encontraba tu email .Te copio aquí un artículo de opinión de Pérez reverte sobre (sí) el heavy metal. Normalmente es la personificación hiperbólica del estar de vuelta de todo y del ser permanentemente indignado, pero que de vez en cuando saca algo más legible. No sé si encaja del todo bien como comentario a microrrelato de Black Claus...

CORSÉS GOTICOS Y CASCOS DE WALKIRIA
A.P. Reverte
No soy muy aficionado a la música, excepto cuando una canción –copla, tango, bolero, corrido, cierta clase de jazz– cuenta historias. Tampoco me enganchó nunca la música metal. Me refiero a la que llamamos heavy o jevi aunque no siempre lo sea, pues ésta, que fue origen de aquélla, es hoy un subestilo más. Siempre recelé de los decibelios a tope, las guitarras atronadoras y las voces que exigen esfuerzo para enterarse de qué van. Las bases rítmicas, el intríngulis de los bajos y las cuerdas metaleros, escapan a mi oído poco selectivo. Salvo algunas excepciones, tales composiciones y letras me parecieron siempre ruido marginal y ganas de dar por saco, con toda esa parafernalia porculizante de Satán, churris, motos y puta sociedad. Incluidas, cuando se metían en jardines ideológicos, demagogia de extrema izquierda y subnormalidad profunda de extrema derecha. Etcétera.

Sin embargo, una cosa diré en mi descargo. De toda la vida me cayeron mejor esos cenutrios largando escupitajos sobre todo cristo que los triunfitos relamidos, clónicos y saltarines, tan rubios, morenos, rizados y relucientes ellos, tan chochidesnatadas ellas, con sus megapijerías, sus exclusivas de tomate y papel cuché, y toda esa chorrez envasada en plástico y al vacío. Al menos, concluí siempre, los metaleros tienen rabia y tienen huevos, y aunque a veces tengan la pinza suelta y hecha un carajal, éste suele ser de cosas, ideas, fe o cólera que les dan la brasa y los remueven, y no de cuántas plazas será el garaje de la casa que comprarán en Miami cuando triunfen y puedan decir vacuas gilipolleces en la tele como Ricky, como Paulina, como Enrique.

Pero de lo que quiero hablarles hoy es de música metal. Ocurre que en los últimos tiempos –a la vejez, viruelas– he descubierto, con sorpresa, cosas interesantes al respecto. Entre otras, que esa música se divide en innumerables parcelas donde hay de todo: absurda bazofia analfabeta y composiciones dignas de estudio y de respeto. Aunque parezca extraño y contradictorio, la palabra cultura no es ajena a una parte de ese mundo. Si uno acerca la oreja entre la maraña de voces confusas y guitarras atronadoras, a veces se tropieza con letras que abundan en referencias literarias, históricas, mitológicas y cinematográficas. Confieso que acabo de descubrir, asombrado, entre ese caos al que llamamos música metal, a grupos que han visto buen cine y
leído buenos libros con pasión desaforada. Ha sido un ejercicio apasionante rastrear, entre estruendo de decibelios y voces a menudo desgarradas y confusas, historias que van de las Térmópilas a Sarajevo o Bagdad, incluyendo las Cruzadas, la conquista de América o Lepanto. Como es el caso, verbigracia, de Iron Maiden y su Alexander the Great. La mitología –Virgin Steele, por ejemplo, y su incursión en el mundo griego y precristiano– es otro punto fuerte metalero: Mesopotamia, Egipto, La Ilíada y La Odisea, el mundo romano o el ciclo artúrico. Ahí, los grupos escandinavos y anglosajones que cantan en inglés copan la vanguardia desde hace tiempo; pero es de justicia reconocer una sólida aportación española, con grupos que manejan eficazmente la fértil mitología de su tierra: Asturias, País Vasco, Cataluña o Galicia. Tampoco el cine es ajeno al asunto; las películas épicas, de terror o de ciencia ficción, La guerra de las galaxias, Blade Runner, Dune, las antiguas cintas de serie B, afloran por todas partes en las letras metaleras. Lo mismo ocurre con la literatura, desde El señor de los anillos hasta La isla del tesoro o El cantar del Cid. Todo es posible, al cabo, en una música donde el Grupo Magma canta en el idioma oficial del planeta Kobaia –que sólo ellos entienden, los jodíos– mientras otros lo hacen en las lenguas de la Tierra Media. Donde Mago de Oz alude –La cruz de Santiago– al capitán Alatriste y Avalanch a Don Pelayo. Donde los segovianos de Lujuria lo mismo ironizan sobre la hipocresía de la Iglesia católica en cuestiones sexuales que largan letras porno sobre Mozart y Salieri o relatan, épicos, la revuelta comunera de Castilla. Y es que no se trata sólo de estrambóticos macarras, de rapados marginales y suburbanos, de pavas que cantan ópera chunga con corsé gótico y casco de walkiria. Ahora sé –lamento no haberlo sabido antes– que la música metal es también un mundo rico y fascinante, camino inesperado por el que muchos jóvenes españoles se arriman hoy a la cultura que tanto imbécil oficial les niega. El grupo riojano Tierra santa es un ejemplo obvio: su balada sobre el poema La canción del Pirata consiguió lo que treinta años de reformas presuntamente educativas no han conseguido en este país de ministros basura. Que, en sus conciertos, miles de jóvenes reciten a voz en grito a Espronceda, sin saltarse una coma.

Fecha: 02/01/2008 12:21.


Autor: Macdito

Gracias Sergio!!!

Ya lo había leido, je je...
Me lo habían pasado unos colegas heavys cerveceros.
Y sí, no todo es ruido, pelos largos, y cerveza...
Ha dado algunos ejemplos de ello, aunque demuestra estar muy verde todavía... en ese artículo no deberían haber faltado grupos como Opeth, Dream Theater, Nightwish...

Fecha: 02/01/2008 20:21.


gravatar.comAutor: Djanker

Me da la risa cuando veo la ciudad llena de millones de "bombillas energéticas de bajo consumo". No sé si el cambio climático inducido por el ser humano es un hecho o si tendrá consecuencias catastróficas, lo que si que está claro es que nadie se lo toma en serio.

"Nativity in Black" sería una bonita propuesta, poco demagógica pues le pedimos al gordo de Papá Noel abrocharse el cinturón. Gasto absurdo en dinero, energía y mano de obra mientras no hay viviendas a precios justos (desde el punto de vista de la demanda claro, a la "oferta" esto le parece estupendo)...

Fecha: 03/01/2008 10:43.


gravatar.comAutor: Djanker

Dentro de los jebis, como en todos los gremios, hay de todo... Generalizar es equivocarse, aunque está claro que puede haber tendencias de comportamiento dominantes...

Fecha: 03/01/2008 10:46.


Autor: Sergio

Seguro que Pérez Reverte tiene algún becario que se ha estado revisando la discografía jebi para el artículo...
Caííííídooooossss!

Fecha: 04/01/2008 11:51.


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