Rogelio, ¨el topo¨
Nueve años humillado, después de cautivo y desarmado, sin pisar la calle ni los campos por miedo a recordarle a las fuerzas del orden su sonrojante rojerío.
El mundo, las estaciones, transcurrían frente a su ventana… Ni en sus peores pesadillas de trinchera hubiera podido imaginar que su propia casa sería su cárcel, un féretro en vida.
Claro que a veces estaba a punto de salir, -¡que sea lo que Dios y la Benemérita quieran!-, pero siempre se derrumbaba al llegar al umbral de la puerta. El recuerdo de sus camaradas le paralizaba.
Cabizbajo, volvía derrotado a su buhardilla.
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