Paparazzo
Zafio y ruín como él sólo, la carne le pedía carnaza. Sus bolsillos, insaciables. Sus andares, invisibles. Sus hechuras, inasibles. Sus trabajos, execrables, prescindibles. Sus amigos, deleznables, infalibles.
Impávido, su satisfacción camuflada tras el teleobjetivo... Mucho más allá, el sujeto, confiado, se derretía sobre aquel fresquísimo bombón.
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Autor: Macdito
Esos teleobjetivos casi me son indiferentes, pero lo que si me preocupa es la multitud de cámaras públicas puestas en pro de nuestra seguridad, o eso dicen...
Fecha: 12/12/2007 11:44.
Autor: Djanker
Fecha: 12/12/2007 15:49.







