Víctor Iván Hernández
Descalzo, de un certero golpe de talón, solía aplastar botes de refresco abandonados. No es fácil reforzar la autoestima en el poblado... Tal vez tirando piedras de vez en cuando a algún chucho o a algún yonqui molesto.
Puede que fuera venganza, quién sabe si sólo maldita casualidad… pero cuando la aguja le traspasó la planta del pié, mientras un fugaz ardor le abofeteaba con insolencia y un sudor frío se vertía sobre su piel, de algún modo comprendió que esa herida nunca cicatrizaría.
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Autor: Macdito
Fecha: 25/10/2007 17:40.
Autor: Djanker
Fecha: 26/10/2007 09:05.







