Ballet
-Ahora ya no sueño como antes- musitaba la bailarina mientras apoyaba su mano dulce en la barra.
El profesor acechaba a través del espejo, sin poder ocultar un interés lejano al estríctamente profesional. Técnicamente, no era brillante, tal vez hasta vulgar. No conseguía explicarse el desmesurado apego que sentía por aquella jovencita, esa atracción que carcomía su brillante carrera de tantos años a cargo de la Escuela Nacional de Danza.
La Señorita Dumitrache seguía practicando la secuencia de battements frappés, ajena a las miradas del viejo Rostov, ejecutando mecánica y acompasadamente cada moviento, perdida en ese océano de tutús y calentadores, cargando el peso de aquella ilusión de juventud rellena ahora de rutina.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: Macdito
Fecha: 19/07/2007 13:56.







