Pesadillas
Su cuello se ofrecía, vulnerable y generoso, fuera del caparazón de sábana y edredón. Sus mechones relampagueantes eran olas doradas rompiendo en la lisura de la piel tostada. La tranquilidad vivía en sus labios, demasiado cerrados para considerarse abiertos. El azul de sus ojos se presentía sumergido en la calmada superficie de los párpados. La nariz se erguía orgullosa para plantarle cara a la noche.
Ya estaba lista para otro galope de 8 horas a lomo de sus fantasmas.
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Autor: peregrina
Fecha: 09/05/2007 22:14.
Autor: Djanker
Fecha: 10/05/2007 12:48.
Autor: Macdito
Algunos con unas abundantes mieses!!!
Fecha: 10/05/2007 13:02.







