La Caída
Flavio Agelastus, cojitranco y lacerado, marcha arrastrando las correas desgastadas de sus cáligas sobre los oscuros adoquines de la Vía Tuscolana. Ya sólo falta un día de camino para rendir cuentas ante el Emperador de la enésima derrota en Germania. Su centuria, diezmada y hastiada de lodo, sangre, niebla y flechas bárbaras, sólo se alegra ya de volver a la Civitas Pecatis, donde poder malgastar su exiguo sueldo mercenario.
Mañana, Aquilina ganará unos denarios, bien merecidos, en su primer día de trabajo en el lupanar de Tito. Flavio ni siquiera la reconocerá.
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Autor: Macdito
Me quedo con la palabra lupanar, para futuros usos.
Fecha: 24/04/2007 19:21.
Autor: Djanker
Fecha: 25/04/2007 09:14.







