Cuernos
Anoche soñé con un toro negro, enorme y sin ojos como el de Osborne que, inexorable, se dirigia hacia mi. Sus cuernos largos, curvos y afilados atraían magnéticamente mi atención. Yo estaba en el centro de una sembrado, bajo un sol de justicia, sobre una tierra seca y polvorienta, cercana a las ruinas de un convento de frailes agustinos. En vano corría hacia un lejanísimo burladero, desde el que se protegían unos pocos espectadores, ya ancianos, que asistían impasibles al dramático desenlace. Me tiré al suelo y me agazapé cubriendo la cabeza con mis manos. El enorme bóvido pasó por encima de mí, sin embestir, como una bala de cañón atravesando un folio de papel reciclado.
Un amigo, aficionado al psicoanálisis, me ha dicho que se trata de un símbolo inequívoco de sufrir una disfunción sexual que atenaza mi subconsciente hasta el paroxismo. Ahora pienso que, seguramente, el señor Freud nunca conoció mi pueblo.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: Macdito
Fecha: 16/04/2007 17:27.







