Plañideras
La quietud de la noche castellana era perturbada por lamentos y siseos beatos. Un séquito de lloronas ataviadas de negros paños y moqueros, melancólicos suspiros y rosarios resobados certificaban duelo a la luz de los cirios de exequias.
Aquel cacique solterón no despertaba demasiada empatía. Los ecos del valle de lágrimas que dominó en vida serían acallados, por unas horas, con el falso luto de las meretrices de funeral, a peseta el velatorio.
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Autor: Djanker
Fecha: 28/02/2007 12:01.







