Memento mori
No fue hasta que empecé a trabajar, allá en mi incipiente adolescencia, que descubrí mi infundado temor al sábado. Como el resto de rapaces, nuestra gris infancia giraba en torno a los preceptos de la Santísima Trinidad, ese misterio que todos asentíamos comprender para no aprehenderlo a base de regla.
Ese "fin del mundo" sabático anunciado cada viernes por el recio capellán se convirtió, al igual que mi horror a la ceguera, en un placer que habría de disfrutar al calor de un infierno de vida.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: Djanker
Para mi, su mejor relato.
Fecha: 22/02/2007 13:21.







